Acerca de qué significa la prohibición de las carreras de perros

derechos animales

En el día de hoy, una nota de Editorial de La Nación –en la misma línea de la publicada el 30 de enero del año pasado en relación a las jineteadas (ver respuesta aquí)–, estima que la prohibición de las carreras de perros en Argentina se fundamenta en el “maltrato” al que, por supuesto, considera un exceso que debe ser combatido.[1] Para eso entiende que está la Ley 14.346, cuyo problema sería que no es aplicada por quien corresponde. De manera que, siendo así, la nota señala el desacierto de haber prohibido la actividad, la cual debería ser regulada. (Ver Ley 27.330 aquí)

Quiero insistir con lo siguiente. Los “excesos” –relacionados con los delitos tipificados en la ley penal– pueden estar presentes o no en una actividad de explotación de los animales no humanos. El punto es que la explotación en sí misma es el exceso, desde el punto de vista ético. Una prohibición no significa abolir la propiedad sobre el animal, pero avanza en su cercenamiento, porque se trata de que una norma legal absorba ciertas posibilidades concretas presentes en la sociedad argentina en una línea coherente con la transformación de la relación de objetivación que hoy mantenemos con los otros animales. No queremos que los hoy considerados “cosas” por el Código Civil y Comercial se conviertan en seres sintientes regidos en su inmensa mayoría por el régimen de las cosas protegidos de los “excesos”. No sirve de mucho que los considerados “cosas” por el Código Civil y Comercial se rconozcan como seres sintientes si van a estar regidos en su inmensa mayoría por el régimen de las cosas protegidas de los “excesos”. Solo cuando no se trata de una explotación institucionalizada tiene sentido preocuparnos por los “excesos”. Pero ocurre que el gran problema de los otros animales no está en el derecho penal.

Necesitamos una transformación seria y radical, para que las ideas no se disuelvan entre ingredientes y concesiones proteccionistas que no sirven para proteger a los animales no humanos explotados. En este sentido, no se trata de utilizar un lenguaje u otro, sino de enterrar el lenguaje conservador para nombrar a lo que empezamos a percibir con otra mirada.

Ana María Aboglio

Notas

[1] “Carreras de galgos. Peligrosas pohibiciones”, Editorial La Nación, 11-2-17, p. 30.

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