Activismo por los otros animales

activismo-any-aboglio-veganismo¿De qué hablamos cuando hablamos de activismo? ¿A quién puede considerarse un activista abolicionista?

Empiezo por los clásicos. El diccionario de la Real Academia Española define al activista como “Agitador político. Miembro que en un grupo o partido interviene activamente en la propaganda o practica la acción directa.”

Destaco en lo que al caso concierne:

a)      intervención activa: es decir que es activo, que obra o tiene virtud para obrar. Que actúa (de actuar): poner en acción. Pero también que activa (de activar): avivar, excitar, mover, acelerar.

b)      en la propaganda: aquí se define qué necesita transmitir, cómo y para qué. Es donde cobra gran valor la claridad del objetivo y el análisis de los medios para su consecución. Si lo que cuestiona es el daño derivado de su uso y discriminación, buscará cambios transformadores, en vez de reformas de la situación actual. No se puede reformar una injusticia.

c)      acción directa: me detendré en alguna otra oportunidad acerca de esto y de los alcances e inclusión en el movimiento social de los derechos animales.

Sigamos más allá de la RAE. Pensemos en el pasaje de la toma de consciencia a la intervención activa.

Él o ella, habiendo ya adquirido en el ámbito personal un estilo de vida vegano o transitando con prisa hacia el mismo, ansía un día mover, acelerar, intervenir activamente. Se vuelve incandescente y erupciona. Entra en actividad como un volcán, para desenmascarar el cinismo del “trato humanitario” en una sociedad que destruye a millones de animales no humanos mientras a diario coquetea con el suicidio colectivo. Es un estado interno que lleva a pensar en el cómo y dónde.

A veces, en este estado, la pasión que anima al activista se revelaría idealmente en un acto acaso fatal: poner el cuerpo para evitar el sufrimiento o el asesinato. El impulso acecha la imaginación en el abrumador contacto con la impunidad de las masacres legalizadas. No me refiero a rescatar animales clandestinamente, sino a la pura y simple intervención en el trayecto que recorre el arma homicida, la mano que mata. La convicción de que, en última instancia, es él o ella lo único que puede interponerse entre el asesino o el torturador y su víctima, y ante la imposibilidad de hacerlo sin ser juzgado por delito civil o penal, o perder él mismo su libertad o su vida, su impulso se convierte en movimiento. Porque poner el cuerpo arriesgando o perdiendo la vida sería un último intento desesperado, agotada casi todas sus esperanzas, pero aún queriendo actuar. Confesión tal vez de impotencia y huida ante el enorme peso de la realidad. Elección también de la figura del mártir, quien termina despreciando su propia vida. Cito a Lyotard: «El mártir dice: es verdadero ya que muero; mi verdad no es de este mundo...” Aunque hay muchas formas de probar una verdad a través de un paso irreversible. Recuerdo ahora por ejemplo la impresionante y planeada muerte propia del protagonista de La vida de David Gale, en su lucha contra la pena de muerte. Cuánto “optimismo de la voluntad”.

Todo activista que actúa por y para la defensa de los otros animales, alejándose de su propio ego, enlaza la razonada necesidad de eliminar una injusticia con la certeza de poder lograr cambios en una sociedad altamente especista. El agravante fundamental: los beneficiarios directos de su hacer no pueden sumarse a la lucha por la obtención de su propia liberación. Un activista, entonces, tendrá presente sus límites personales, valorando la suma de recursos que el trabajo en un grupo organizado puede aportar, economizando y maximizando los suyos propios.

Profundizando más en el tema, y dado que todo ser humano tiene una vocación más o menos profunda de trascendencia, el activista podría conceptualizarse como alguien que busca trascender dedicando el proyecto de su vida a la causa de la defensa y liberación animal. La vida egoísta e individualista que pondera la sociedad consumista suele ahogarse en su cualidad de espejismo superficial. Trascender al dedicar nuestra vida a otro, a otros a quienes les dedicamos gran parte de lo que hacemos. El activista por los derechos de los animales se la dedica a los billones de seres torturados y asesinados a diario en el planeta.

Y se suma a otros, sale a la calle, y a veces es complicado: todos somos tan distintos, reunidos de repente en ese objetivo en común que nos congrega. Para peor, suele pasar que tenemos que cumplir múltiples tareas, porque no hay recursos o gente suficiente ese día. Suelo decir que, en esos momentos, hay que ponerse más que nunca en el lugar de aquéllos a quienes estamos defendiendo. Por eso entonces, quiero citar las palabras de una persona que, después de haberle preguntado cómo se había sentido en una actividad reciente de Ánima que compartió conmigo, me dijo que muy bien, y luego, entre otras cosas, agregó unas palabras que vienen perfectas para lo que quiero transmitir: “…olvidarse de uno mismo es el olvidarse de ése o ésa que lleva nuestro nombre y ser uno con todos, y encarnar sus alegrías y sufrimientos, con lo cual hubo momentos en los cuales levantaba el cartel yo, en otro momento levantó el cartel una vaca dentro de un matadero, en fila yendo hacia su asesinato, en otro momento fue un perro despellejado el que lo hizo. En rigor de verdad, lo que yo sienta a nivel personal es totalmente irrelevante porque hay algo muchísimo más importante: ser la voz de los que no tienen voz … sin embargo y para responder de alguna manera a tu pregunta, sí sentí que a la causa hay que ponerle el cuerpo y realizar acciones concretas.” Se refería a cierto activismo presente en las redes sociales, que “hace que uno sienta que cumplió…”

Más allá de mis limitaciones, estoy muy ausente de mí misma cuando me hallo en medio de una concentración u otra actividad, y me pregunto cómo aparece o se observa o juzga esto desde afuera.

A pesar de mis limitaciones, estoy siempre apuntando a que el resultado sea una voz por ellos/ellas que se escuche y entienda de la manera más contundente posible. Agradezco a quienes están a mi lado vibrando en sintonía con la voz de los otros.

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