Adoptar un perro, adaptar una palabra

Lógico es que un pensamiento antropocéntrico defienda los beneficios de especie concedidos por la pirámide jerárquica que lo sustenta. Por eso no sorprende la carta que el licenciado en Derecho, Filosofía y Literatura y Ciencias Políticas Eugenio Nasarre enviara al Director del periódico electrónico abc.es, manifestando su horror a lo que encuentra como una perversión del lenguaje: la utilización del término “adopción”, por parte del Ayuntamiento, aplicado a la entrega de animales sin fines de lucro, uno de los paliativos con que se intenta remediar la dramática situación de estos animales domésticos, cuyo uso comercial es, entre otros, el de “mascotas”. [1]

Por aquello de evitar la confrontación estéril con quienes esgrimen profundos prejuicios especistas, se descarta una respuesta que, además, debería contentarse con pocas líneas, lo cual es impensable para el caso. Lo que no impide la reflexión -a partir justamente de la imposibilidad de nombrar la relación deseable con el no humano con un lenguaje servil a la esclavitud animal-, destinada a la liberación de los prejuicios a trav+es de la liberación de la palabra. Vendrá bien entonces analizar esta carta del 13 de febrero pasado al periódico español, junto con otra llegada el 16, esta vez a la edición zonal del diario Clarín [Lomas de Zamora-Almirante Brown], de un tal Gustavo Battini, quien critica al Centro de Zoonosis de Almirante Brown, porque, según se lee:

Más de una vez se han hecho comentarios sobre la buena disposición de la Municipalidad de Almirante Brown para esterilizar animalitos en su Centro de Zoonosis y, así, minimizar el problema de la cantidad de perros y gatos abandonados que hay por las calles de Adrogué. Pero la acción de la gente de Zoonosis se queda a mitad de camino. Más de una vez hablé por teléfono con el centro sugiriendo que deben darle prioridad a la castración de perritas abandonadas, porque los cachorros que andan sueltos son cada vez más. Y la respuesta que me dan es que yo lleve a las perras y luego retirarlas, después de la operación. Creo que esa postura están atacando mal el problema […] Y un pedido desde mi corazón para los vecinos: No adopten animales que después no van a poder tener.[2]

Quienes estamos bastante empapados con el tema, necesitaríamos a veces obtener algún tipo de indemnización por tener que soportar la difusión mediática de ciertas contraproducentes imprecisiones, cuanto peor si las bordea la arrogancia. Vayan estas líneas a título de indemnización moral y fundamentalmente, sirvan a la defensa de los que el reino humano –único mundo con reyes- sabe bien cómo explotar. De lo cual dan muy bien cuenta las palabras.

Nasarre recuerda que la adopción es definida por el Diccionario de la RAE como sigue: “Recibir como hijo, con los requisitos y solemnidades que establecen las leyes, al que no lo es naturalmente”, y que aplicar el término a los perros, por ser un institución jurídica que establece una relación de padres e hijos, “debe reservarse a los seres humanos”. Lo considera una perversión “que no es inocente”, propia del antihumanismo, de una ideología “que defiende los ‘Derechos Animales’, y que propugna, incluso, su protección penal.” Extensión de derechos que llevará a “la devaluación de los derechos mismos y, a la postre, la destrucción de la dignidad humana, que es la base en que se sustenta nuestra civilización.” Sentencia finalmente que este uso que transforma a su antojo la realidad es para temer: “No nos engañemos: hoy la más profunda batalla a favor o en contra del hombre y a favor o en contra de las sociedades libres se libra en el terreno del lenguaje. Seamos conscientes de ello.”

Hay que reconocer en esta carta una síntesis excelente del pensar y el sentir que consagró como rey de la creación, único merecedor de adoración –la excusa es que es a Su imagen y semejanza-, a un soberano que horada y destruye la vida amparado por este hálito de perversión que es, en realidad, la falta de respeto a la vida e intereses de los que no ostentan el título de humano. Su implementacion práctica está construida con la ley y la palabra. Legalmente, a las cosas se las compra, para convertirse de ellas en dueño. El objeto perro es una cosa. Lo que le cabe es la venta. O la permuta. O la apropiación. Pero si lo que intentamos es redimensionar la relación con esos que alguna vez fueron lobos, necesitaremos una voz que recupere los aspectos afectivos, con un contrato de adopción que manifieste el retiro de los componentes dominantes de esa relación, para dar cabida al simple ingreso al grupo familiar de un compañero de otra especie, al cual se tratará entendiendo que depende de nosotros, como los niños, propios o adoptados. Históricamente, la primitiva asociación humano-lobo, transitó una domesticación que era útil a ambos. Pero hoy domesticación es sinónimo de sojuzgamiento, y en todas las especies. Nasarre tiene razón: la batalla se libra en el terreno del lenguaje, pues éste modela la mente humana, haciéndole creer, por ejemplo, que puede ser “dueño” de lo que pertenece a otro. “Adoptar” viene a recordar entonces la necesidad de remitir a un vínculo no comercial, a pesar de que ya la están usando también los vendedores de animales “de compañía”, un uso del término bien pensado como técnica de apropiación discursiva. ¿Porqué habrá que creer que un perro o cualquier otro animal consciente de sí no querrá ser el dueño de su propia vida? ¿Sabrá el culto diputado Nasarre que son los humanos los que aspiran a la compañía de un perro adoptado? ¿Conocerá que la palabra se ha elegido para contraponerla a esa adquisición comercial que está llevando a que haya más y más animales, sin hogar que los alberguen? ¿Estará al tanto de las relaciones afectivas hoy tan científicamente estudiadas, acerca de los beneficios que los perros –y otros animales- deparan a niños, discapacitados, adultos normales, enfermos y ancianos, en parte devenida de la comunicación sin lenguaje? Es dudoso. Porque se necesita adaptar mucho más que una palabra para redefinir la escritura que nos salve a todos del infierno humano. Se necesita una destrucción heroica que silencie la normalidad patológica padecida por el lenguaje especista. Otra acepción de adoptar es: “Recibir, haciéndolos propios, pareceres, métodos, doctrinas, o ideologías, modas, etc., que han sido creados por otras personas o comunidades.” La ideología a adoptar dista mucho de ser antihumanista. Todo lo contrario: Al reconocer el humilde lugar del humano, tan ligado a todo lo que ha querido arrumbar fuera de sí por no reconocer su animalidad, al fomentar una cultura de respeto por quienes tienen otra forma de estar en el mundo, y al no apropiarse de esos otros porque se siente con el deber de protegerlos, hace un uso de su Razón que daría vuelta la perversión que el antropocentrismo puso en la historia de este mundo.

Y como “antropocentrismo” no sólo rima sino que también se emparenta con “machismo”, viene a colación la también poco afortunada aseveración reciente del profesor de teología y sacerdote Gonzalo Gironés, culpando a las mujeres víctimas de violencia doméstica, pues dice que: “…nadie ha confesado que hicieron las víctimas, que más de una vez provocan con su lengua”, y que: “Por cada mujer muerta a manos de un hombre hubo 1.350 niños asesinados por voluntad de sus madres.”[3] Algo habrán hecho, como las bestias a las que alude luego, refiriéndose a algunos hombres. Pero como algún camino hemos recorrido en la lucha por las reivindicaciones sociales, el Arzobispo de Valencia se apresuró a pedir disculpas a las víctimas. Por suerte Gironés no escribió a ningún correo de lectores sino que dejó su idea en una hoja parroquial. De lo contrario también yo, la peor de todas, como diría sor Juana, hubiera tenido que extender aún más el presente artículo, para lo cual ya tendría que tener a España como patria adoptiva. Adoptivo,va: “Dícese de la persona o cosas que uno elige, para tenerla por lo que realmente no es con respecto a él. Hermano ADOPTIVO; patria ADOPTIVA.” También según el diccionario de la RAE.

Es ahora el momento de ingresar en el conurbano bonaerense y escuchar la respuesta de Almirante Brown: el Municipio sí sale a recoger perros en situación de calle. Agrega Laura Antoniazzi que: “ … hay que tener en cuenta los casos particulares. Algunos perros son callejeros, sin dueño, pero los alimentan los vecinos de alguna cuadra. Y es lógico que después de la esterilización vuelvan al lugar donde vivían”. [4] Pedirle más al Centro de Zoonosis (no me refiero al Municipio en su totalidad) que más hace por los sin hogar, puede resultar fastidioso. Sobre todo teniendo en cuenta que si hay muchos, no es sólo por la reproducción de los que están en situación de calle, sino por la perversión de un sistema antropocéntrico que los reproduce masivamente para su venta actuando por otro lado como una máquina de matar. Sobrecría animales, estimula las ventas del objeto “mascota” y su reemplazo, y elimina a los sobrantes cuando no es, la esterilización, económicamente redituable. ¿Habrá que organizar visitas guiadas por las tinieblas del Instituto Pasteur, en la ciudad de Buenos Aires, como parte de un paquete turístico que descubra el negocio “mascotero”? ¿Habrá que dictar una nueva ordenanza en Almirante Brown que prohiba ingresar con perros desde otros municipios? ¿Seguirá la comunidad sin involucrarse en una problemática de la que es en parte responsable? Aquí aparecen los herejes a que se refiere Nasarre, con el traje de la humildad y la paciencia, acomodando en la constelación escritural la demoníaca palabra adopción para, revertiendo la mirada sobre algo, se lo pueda transformar en alguien, en un atravesamiento crítico del espacio en crisis que le dará nombre a un sujeto. Se impugna así a los que se adueñaron de un lenguaje donde se silencia la esclavitud bajo la institución de los significados definitivos. Junto a compañeros de Ánima y otros grupos, en mesas informativas, eventos y manifestaciones, confieso que hemos pecado: “Adopte: Muchos cachorros, pocos hogares.” Incluso no conformes con este pecado si se quiere menor, vamos por más: la dignificación de la vida y la libertad de quienes están hoy sometidos a una manipulación que les depara sufrimiento y muerte en este escenario donde el que se enrosca y repta es un ser humano arrojado a la angustia inconsolable de su propia insignificancia. Y un dato para la Inquisición: Los defensores de los Derechos Animales, mientras gestan nuevas palabras para las frescas ideas del milenio que comienza, hasta respetan incluso al perro Cancerbero, perro de tres cabezas custodio de los infiernos, por su fidelidad hoy símbolo del guardián inflexible. Y no es porque el 2006 sea el año del perro en el horóscopo de un país que los devora con y sin ideogramas. Es para que custodie a las nuevas palabras. Porque las perversiones que los Nasarre tienen que leer son nada comparadas con las que los defensores necesitan soterrar.

Notas

  1. Nasarre, Eugenio. Cartas al Director / ¿Adoptar perros? Lunes, 13 de febrero de 2006. Disponible en: http://www.abc.es/abc/pg060213/actualidad/opinion/cartas_director/200602/13/adoptar-perros.asp
    [Consulta: 15 febrero 2006]
  2. Cartas de lectores. Diario Clarín. Suplemento Zonal Lomas de Zamora-Alte. Brown., p.5. 16–2-2006.
  3. Algañaraz, Juan Carlos. Polémico Artículo publicado en una hoja parroquial de Valencia.
    Disponible en: http://www.clarin.com/diario/2006/02/16/elmundo/i-02501.htm [Consulta: 16 febrero 2006]
  4. Idem nota 2.

 

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