Cacerías

10-10-10

Una ordenanza recientemente sancionada en Godoy Cruz legisla las cuestiones derivadas de lo que se ha denominado «perros potencialmente peligrosos», acorde con la ley provincial mendocina, aún no reglamentada. La ordenanza dispone que los perros que hayan atacado a persona o animal provocando lesiones serias, los de determinadas razas y los que hayan sido entrenados para el ataque, deben ser “identificados” con un collar amarillo y rojo, con carteles portando logo municipal en las casas donde habiten que adviertan: “Cuidado Perro Peligroso” y con su anotación en un nuevo registro especial, además de la inserción en el cuerpo del animal de un microchip arancelado –el cual se otorgará junto al cartel con logo municipal–. A la mejor manera de una caza de brujas, la ordenanza también invita a denunciar anónimamente al perro que se considere una amenaza. Esto supone la posibilidad cierta de falsas denuncias para poner en marcha el mecanismo. ¿Y quién va a defender al animal sin hogar mal denunciado, sea por error o mala fe? Nadie.

El objetivo parece ser reglamentar, registrar y revisar los criaderos y la tenencia de los llamados animales potencialmente peligrosos, sin promover en absoluto una verdadera solución. La ley provincial mendocina considera infracción administrativa gravísima el “adiestrar a dichos animales, para activar su agresividad o para finalidades prohibidas”; la norma municipal incluye a los entrenados como parte de los objetos especialmente registrables, sin reiterar o mencionar esa prohibición.

El municipio de Godoy Cruz ha gastado mucho dinero en impresionantes afiches colocados en la vía pública para incentivar el cumplimiento de aquellas medidas que incluso dañan al animal, como la instalación de un microchip. Crean así un clima de alerta y aprehensión que se mezcla con los temas de (in)seguridad general. De noche, la cartelera que porta los afiches resalta sobre las veredas. Se ve en ellos una aglomeración de balas conformando el dibujo de un perro junto a una frase de advertencia: “UN PERRO PUEDE SER UN ARMA. Registralo. Si tenés perro, registralo en la Municipalidad de Godoy Cruz. Es obligatorio. Ayudanos a evitar incidentes para una convivencia segura”. Se trata de que la gente haga lo que no quiere con sus perros, propiciando la aplicación de las normas provinciales en la materia. En cuanto a la posible intención de evitar mordeduras y accidentes, ciertamente los que pergeñaron esta ordenanza no aplicaron el principio de prevención. O lo aplican a su manera, en una suerte de condena hacia los que son víctimas de la manipulación humana.

Ante estos hechos no puedo dejar de recordar una nota que leí hace poco, donde se hace referencia al Maúser 7.62 con el que un cazador salía en La Pampa a matar jabalíes. Claro, las armas deben registrarse. Me vienen a la mente otros fusiles, arcos con flecha, rifles, pistolas. Y otras armas que son parte del equipo de los “legítimos usuarios cinegéticos.” Es notable cómo dan cuenta las leyes de la infravaloración de la vida no humana.

“Tito”, el cazador oriundo de La Pampa de esa nota, hace artesanías con las astas de los ciervos.[1] Declara que hace mucho que no los caza: las astas se las traen algunos cuando las encuentran tiradas en los campos, como consecuencia del cambio natural de “su ornamenta.” Por eso en las exposiciones, cuando le señalan que “existe crueldad con los ciervos”, su esposa María aclara que “no hay ninguna muerte de por medio”. Eso es ahora, porque la historia es larga: “Casi toda la familia, mis hijos, mis hijas, mis nietos y nietas y mi esposa, hemos salido a cazar…” Con sus 83 años se enorgullece de haber cazado más de 1200 jabalíes. Con su fusil. Con un arma.

Una hija de Tito, tal como aclara María, sorprendentemente dejó de cazar cuando se recibió de enfermera, “… porque hizo votos de preservar la vida”. Ser enfermera parece que, al menos a ella y en este sentido, la transformó. O tal vez estaba harta de tanto Máuser 7,62.

La nota dice que la relación de esta familia con los animales es la que “solía establecerse en los sitios donde la convivencia con ellos era parte de la naturaleza profunda del vivir.” Notable también esto de establecer relaciones que sólo son posibles cuando el humano vive en medio de un ambiente natural, entre árboles y tierra, pudiendo ser él mismo, también, víctima de un depredador. De todas maneras tengo otra concepción, que muchos compartirán, de la “naturaleza profunda del vivir”, incluyendo la que podrían tener los animales asesinados.

Vuelvo a los afiches de Godoy Cruz. Recuerdo ahora que en la legislación penal de varios países se establece que para que haya un arma, el instrumento debe haber tenido como finalidad principal al momento de su fabricación, la de ser utilizado como arma. Según esta definición, definitivamente un perro nunca puede ser un arma. Especialmente los que asustados deambulan perseguidos por la camioneta de esa perrera que sigue pasando por las calles, ocultándose en la soledad de la madrugada para evitar el repudio de esa misma sociedad que sabe que los animales en situación de calle no son más que seres asustados necesitados de un hogar. En la ciudad de Mendoza los he visto jadeando, con mirada despavorida y a la vez, buscando entre la gente, con esa misma mirada y con todo su ser, a un humano que los cobije o alimente o palie su sed. Les he dado agua, los he acariciado y los he visto seguir huyendo, sin poder relajarse un momento. Cualquiera de ellos podría ser considerado un perro pasible de “denuncia” por aquéllos a quienes simplemente no les gustan o temen a los perros, con las consecuencias que podemos imaginar. Cierto es que hay razas de perros especialmente “diseñados” para cazar jabalíes o pelear entre ellos, ambas masacres que siguen haciendo los humanos con ellos. En todo caso habría que desechar su compra y prohibir en forma efectiva las peleas de animales y la caza. Todo lo contrario de reglamentar. Muy diferente a obtener dinero a costa de la vida de otros seres sintientes.

Termino pensando que todo este aquelarre sea acaso propio de épocas de transformación. Los animales no humanos siguen siendo esclavos y víctimas de violencia pero cada día hay más personas que ven la esclavitud y condenan la violencia. Con las nuevas ideas que rechazan el uso de animales como recursos, vendrán también nuevas soluciones para los problemas de la situación actual. Lo espero a pesar de conocer el entusiasmo que sectores ligados al bienestar animal tienen para llevar la fórmula normativa de Godoy Cruz y similares a otros legisladores. Incluye una gran imaginación para crear otras maneras de seguir la guerra contra los perros.

La cuestión en este caso pasa por cuidar y proteger, respetar los intereses de los otros animales y controlar éticamente la población animal en general, implementar campañas de adopción y prohibir el entrenamiento para el ataque y las peleas de perros. La cuestión en éste y en todos los casos pasa por enseñar a mirar con otros ojos, a cambiar la mirada.

Apuesto a que los que vean esos carteles no van a ser engañados tan fácilmente.

Notas

[1] “Instinto de cazador”, revista Rumbos, 3 de octubre de 2010, suplemento Argentinos del Bicentenario.

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