Circos Marinos

circos-marinosEl oso ridiculizado, el tigre sojuzgado, el elefante entristecido, la cárcel y la manipulación de animales no humanos para circos, son todas realidades cada día más reconocidas por una sociedad que reveé sus malas costumbres en el camino hacia una mayor civilización.

Si los que gobiernan son quienes tienen que ejemplificar induciendo una consideración de respeto hacia el resto de las criaturas, las normas que prohiben los circos con animales ciertamente ayudan en tal objetivo, como también al de impulsar la necesaria reconversión social y económica. Me pregunto entonces: ¿Son diferentes los circos cuando los utilizados para esparcimiento son animales marinos? ¿No son acaso las jaulas acuáticas una variante de las prisiones tradicionales de los decadentes carromatos de circos con animales alguna vez salvajes? ¿Hay otra justicia u otra ecología para los animales marinos? ¿O hay nuevos inversores para un nuevo negocio?

Desde que el primer show con delfines se inauguró en St. Agustine, Florida, en 1938, cientos de delfines han sido capturados y entrenados para realizar trucos circenses. Cuando los delfines mueren, la industria simplemente captura más individuos. Muchos de ellos se tornan descartables. Es sabido que los delfines son mamíferos inteligentes, de intensa vida emocional, inteligencia compleja y con una organización social altamente desarrollada. En cautiverio, necesitan perder una de las maravillas con que fueron dotados: su sistema de comunicación por sonar, que los enloquecería entre las paredes de su prisión de concreto. El aburrimiento y la tristeza, el estrés y el padecimiento de enfermedades derivadas del cloro en el agua y otras contagiadas por humanos, la separación de sus crías, la inseminacion artificial, la administración continua de drogas debido a lo artificial de su medio y a la depresión de su sistema inmunológico, la soledad o las compañías no deseables con otras especies y la falta de privacidad van destruyendo su vida y minando su sensible personalidad.

Ni el entretenimiento, ni la mal llamada educación, ni la investigación o las terapias con delfines, pueden justificar su captura, confinamiento, el entrenamiento forzado, la cría en cautiverio y todos los padecimientos derivados de la explotación comercial. Deberían estar libres del manoseo humano, para vivir la vida para la que fueron creados: ser delfínes, junto a los suyos, en su hábitat, libres de la utilización de otros como objetos de entretenimiento. A todo animal su vida le pertenece. ¿Cómo pueden los espectadores aprender algo sobre la verdadera naturaleza de los delfines, cuando los delfines cautivos están entrenados para realizar comportamientos antinaturales, simples trucos que repiten para obtener recompensas en forma de pescados? ¿Cómo se supone que los espectadores tomarán conciencia de la importancia de respetar los derechos de los delfines, cuando los mismos delfines que están observando fueron arrancados violentamente de la naturaleza, o nacieron en cautiverio y nunca han visto el mar?

El cautiverio de delfines se ha convertido en una industria billonaria. Se los puede encontrar en parques de diversiones, programas de natación con delfines, zoológicos, oceanarios, delfinarios o acuarios. No todos pueden ser regresados exitosamente al estado salvaje, aunque todos pueden ser readaptados en un ambiente más natural, en corrales marinos donde pueden al menos experimentar gran parte de lo que sería una vida normal para un delfín. Los animales marinos entrenados, obligados a realizar piruetas, imposibilitados para reproducirse naturalmente y para vivir en manadas, son forzados a dejar su hábitat natural para transitar una penosa vida en piletones de cloro, por una única razón: Los shows marinos no se prohiben en nuestro país porque son evidentemente mucho más rentables que los circos con animales, en gran parte de escasos recursos, y que apenas dejan un canon sin importancia para los Municipios.

Como todo negocio, el comercio de delfines se basa en la ley de la oferta y la demanda. Por ello, mientras los gobernantes parecen haber cambiado un circo por otro, la gente tiene que comprender la tragedia del cautiverio y elegir otros esparcimientos. De lo contrario, estarían anteponiendo un interés tan poco importante como es una diversión que pueden obtener de tantas otras formas, al interés de un ser en vivir su vida en libertad, sin condicionamientos forzados, sin cárceles, con los suyos y en su propio hábitat, haciendo lo que él mismo quiera. Debemos relacionarnos de una manera respetuosa con los que sienten como nosotros. Somos parte integrante de la naturaleza, no sus dueños. Los actuales desastres ecológicos son productos de esta visión antropocéntrica que debemos abandonar, por el bien de todos.

El negocio de la explotación de animales no humanos para entretenimiento es una máquina de sueños: le vende a la gente la ficción de un mundo espléndido donde todos conviven armónicamente como una gran familia feliz. Un sueño creado por una empresa para ganar dinero, donde lo que mejor se entrena es la mente del espectador. Un sueño que es pesadilla para esos maravillosos seres que los animales no humanos son, cuando pueden vivir la realidad de sus propias vidas, libres de la injerencia humana.

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