Corte y confección

En la ciudad californiana de West Hollywood no había muchos negocios con venta de pieles. La prohibición sancionada por la ordenanza del 21 de noviembre de 2011 –que entrará en vigencia recién para septiembre de 2013–, la convirtió en la primera ciudad de EE.UU. que prohíbe esa venta. Ya en el año 2010 se había prohibido la venta de perros y gatos de criaderos: los negocios especializados en el rubro fueron habilitados para vender solamente ejemplares procedentes de refugios.

A pesar de que son pocos los negocios de West Hollywood afectados, la reacción de la industria peletera, a través del Fur Information Council of America, apunta a entablar un juicio contra la ciudad. Algunos comerciantes, a su vez, planean un posible traslado a otro lugar. Al parecer, la cuestión se moviliza sobre todo en el ámbito de la conciencia de la gente. Algunos lo ven como una restricción a la libertad y otros, como un desafío para substituir –o no–, lo que distinguen como un “clásico” de la moda. El grupo Fur Free considera que la repercusión económica es mínima y que la prohibición sirve a los efectos de instalar el debate a nivel mundial. Pero, ¿qué debate? El que cuestiona el uso de animales para pieles por la crueldad que significa su explotación. Quizás algunos defensores crean que esto es un logro. Pero entiendo que en términos de los sufrimientos y las matanzas masivas que padecen hoy en día los miles de millones de animales utilizados para cualquier uso, podría considerarse como una lamentable pérdida de tiempo.

Mientras tanto, y por poner un ejemplo, la piel que llamamos cuero es una industria con fuerte crecimiento en los últimos años en Argentina, con un aumento en la producción del 150%. La industria curtidora, que procesa el cuero para la elaboración de zapatos, vestimenta, carteras y billeteras, exportó en los últimos 15 años el 80% de su producción. Uno de los países claves de este mercado externo es, justamente, EE.UU. Y según las propias palabras del titular de la CICA (Cámara de la Industria Curtidora Argentina): “las cantidades producidas por la industria curtidora están estrechamente vinculadas con el stock de ganado vacuno y la faena determinados por el mercado de la carne.” El balance general es que el actual ciclo económico ha resultado de maravillas para este complejo productivo. Lo que se intenta ahora, es ingresar en el proceso de sumar valor agregado, sustituyendo la materia prima por productos elaborados con ella. El proceso va de la mano de otro: la extranjerización de las curtiembres. [1]

Volviendo al logro de West Hollywood, ni la piel de las vacas  ni la de los cerdos o avestruces, ni el pelo de las ovejas ni el de los conejos entrarán en este debate, destinado más bien a los animales criados sólo para pieles. Debe ser por eso que muchos productores de pelo de animales de “uso no tradicional”, o que recién ahora empiezan a reproducirse en cautiverio para obtener de ellos y ellas sus pieles, plumas o pelos, están estudiando una forma de aprovecharlos también para el comercio de sus cuerpos como carne.  A su vez, en relación al debate sobre la inmoralidad de usar seres sintientes como mercaderías, supongo que con esta línea de defensa lo más lógico es pensar que probablemente nunca llegue.

Nuestro propósito como defensores de los derechos animales no es formar un nuevo tipo de consumidor, ni uno “un poco más consciente”. No se trata de alimentar una nueva ficción, la de que el sufrimiento y la matanza de unos importa más o menos que el sufrimiento y la matanza de otros. La transformación de la relación con los otros animales prescinde de estas distracciones. Creo que la gente puede entender perfectamente de qué se trata una ética para los derechos animales si lo decimos con precisión y cordialidad, de manera que quede claro que el asunto no es contra ellas. Y para esto no necesitamos diferenciar entre diferentes tipos de seres sintientes o entre las diferentes formas que se utilizan para masacrarlos. Quizás ellas empiecen por la lana o por el cuero, por las pieles o por los lácteos. Pero ya desde el principio sabrán cuál es el problema y cómo abordarlo en su totalidad. Se trata del corte y confección adecuados para este movimiento, de manera que la consciencia se reconstruya para que le quepan las nuevas ideas, y no de pulverizar las ideas para hacerlas caber en una consciencia modelada para usar a los otros animales.

Notas

[1] Suplemento de Economía del diario Pág. 12, 27 de noviembre de 2011, “El cuero duro”, por F. Kucher.

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