¿Cuándo ser vegano no es nada saludable?

vaca-vida-sensible-any-aboglioUna nota publicada en el diario La Nación de hoy lleva casi el mismo título que este artículo.[1] Ambos textos se diferencian por los signos de interrogación y el consecuente acento en el “cuando”, sintaxis que me resulta más cómoda para deslindar con menor interferencia el tema que ahí se desarrolla.

Tal vez el largo tiempo que llevan ciertas organizaciones y personas promoviendo al veganismo como un tipo de vegetarianismo –sumado a las altas ondas emocionales que salpican a la ciencia de la nutrición–, haga que el término suela desvincularse de su impronta ética: la condena del uso de animales no humanos, cualquiera sea el mismo.

Es habitual que las notas periodísticas enlacen el término con algo que remite a un interés humano: el placer del paladar, la comida y los cuerpos, los circuitos de la “vida sana.” Rescato entonces, de esta nota que mencioné, la siguiente frase referida a quienes toman al veganismo como una dieta para el control o descenso de peso: “Cuando esto ocurre, los motivos (filosóficos –como el querer evitar la matanza de animales– o saludables –elegir una dieta “más sana” por ser carentes de productos animales–) por los que muchas otras personas arriban al vegetarianismo resultan aquí ser sólo una pantalla que esconde el verdadero y único objetivo: hacer dieta para bajar de peso.”[2] Si aceptamos esta afirmación, los nutricionistas, psicólogos y otros terapeutas relacionados tendrán que recibir nuevos pacientes para proceder a su evaluación. Hasta los padres querrán que se examine a sus hijos para saber por qué no quieren comer productos animales. Y al parecer, si es por motivos filosóficos o de salud, se les podrá tener un poco de paciencia. Pero, ¿en base a qué criterios el profesional a cargo dictará sentencia?

Según la doctora Katz, comer sin productos animales, se puede. Si se hace bien, aclara. Según la doctora Mazza, “las chicas que se ponen muy rígidas al elegir los alimentos tienen un mayor riesgo de desarrollar un trastorno alimentario que las puede llevar a un trastorno restrictivo con descontrol alimentario [darse atracones] que finalmente conduce a la obesidad.” Yo diría que son trastornos y más trastornos de larga data, asociados a problemas psicológicos que no sólo tienen que ver con lo mucho que vende la industria de los productos adictivos como los lácteos, sino también con el impresionante negocio de los productos para adelgazar. Como señalé en una conferencia especialmente dirigida a estudiantes de nutrición, “Radiografías de una dieta éticamente insostenible”,  determinadas políticas de consumo llevan a una elección programada desde la invasión publicitaria y las notas masivas en los medios, apoyadas en el discurso de los representantes del paradigma nutricional ortodoxo. En la sociedad de consumo tal cual está conformado el sistema de producción y distribución de alimentos, nuestras preferencias  y gustos son manipulados de tal manera que creemos elegir con libertad cuando en realidad somos configurados para una determinada opción por las guerras, las empresas alimentarias, la televisión, la publicidad y apenas por nosotros mismos.

Volviendo a la nota, ¿cuál sería uno de los signos a detectar por parte de una familia que encuentra a un integrante vegetariano? Según Katz, ubicándolo en el segundo lugar, “cuando evitan todo tipo de producto animal.” Por cierto, dado que la industria alimentaria de explotación animal es tan fuerte, rebelarse ante esta dictadura hace que las alarmas estallen. De hecho, debería ser al revés, porque lo anormal es permanecer encarcelado en una prisión donde la injusticia y el sufrimiento se aceptan porque el padecimiento no es humano. Pero entonces el ruido sería infernal.

La nota es corta, con tres historias adjuntas. Una, dedicada al testimonio de una mujer que por salud frecuenta el restaurante vegano Picnic. Otra, con referencia a las elecciones dietéticas depurativas que hizo Steve Jobs (entre otras terapias y que era, obviamente, sin productos animales) ante el fracaso de la medicina oficial para curarlo. La tercera, con un subtítulo tendencioso como es “El veganismo, una práctica con riesgos”, enlista los diferentes tipos de vegetarianismo, entre las que se encontraría el veganismo. Aquí la doctora Mazza, luego de citar borrosa y ambiguamente ciertas declaraciones de “sociedades de nutrición norteamericanas” que aceptarían el ovo-lacto-vegetarianismo, advierte: “Pero nunca el veganismo, porque faltan ácidos grasos esenciales, proteínas de buen valor biológico y vitamina B12.” También falta profundización en el tema. La preocupación por una vitamina fácilmente obtenible, como todas, vía suplemento, es conmovedora, sobre todo en el contexto de una sociedad atiborrada de pastillas de todo tipo y anegada por incontables suplementos dietéticos. Para Katz –directora de Fat-Fit, donde se sugiere llevar siempre consigo un aparato denominado cuentapasos o pedómetro (sic), para ayudar a pasar de ser una persona pro-fat a una persona pro-fit, cambiando la obesa obsesión por la comida–[3] ser vegetariano “es un trabajo extra.” Es que “son dietas difíciles de instalar en familias de clase baja y media, por el alto costo de las verduras y las frutas”, dice. Tal vez las cosas cambiarían si se aceptara que los otros animales no deben ser utilizados y que la tierra debe/puede usarse de otro modo. O tal vez con otra clase de subsidios. Pero la verdad debe ser dicha, aunque sea cara: en el citado sitio se hace referencia a una nota del diario Clarín donde Katz impulsa el consumo de frutas porque “son ideales, junto con las verduras, si pensamos en una dieta para adelgazar.”[4] Es decir, si es para adelgazar, vale la pena el trabajo extra.

Parece que el tema del veganismo está estallando en los medios.

Si algunos famosos son citados, para bien o para mal, es debido en gran parte a la captación que convenientemente hacen de ellos ciertas organizaciones, con resultados muchas veces deplorables. Por eso, la nota de Vanidades, “Estilo vegano”, no puede ser criticada por mencionarlos.[5] Considero que, a pesar de algunos errores, ésta fue una nota bienintencionada. Al menos la autora no fue nada vanidosa al remitir a los sitios de Ánima (anima.org.ar y veganismo.org.ar) “para los interesados en saber más sobre el tema.”

Intentan e intentarán subsumiral veganismo en una cuestión dietética. Tratan y tratarán de presentarlo como una opción personal, unida o no a otras elecciones paralelas, o sin apuntar a la gestación de un movimiento social. De los defensores de los animales depende contrarrestar estas tendencias, empezando por no fragmentar el abolicionismo al derivarlos hacia cientos de objetivos diferentes, o dando un mensaje que invite a una reducción temática. Para la causa de los derechos animales esto significa un gran atraso. Y una gran ganancia para los que venden animales no humanos vivos o muertos.

Notas

[1] La Nación, “Cuando ser vegano no es nada saludable”, por Sebastián A. Ríos, 24 de junio de 2012, p.18.

[2] Ibidem nota 1.

[3] Sitio web de Fat-Fit. Disponible en: http://www.fat-fit.com.ar/acerca/propuesta.asp, al 24/6/12.

[4] Clarín, “Con la manzana a la cabeza, bienvenidas las frutas”, 14/6/12. Disponible en: http://www.clarin.com/buena-vida/nutricion/frutos-miramos_0_716928515.html, al 24/6/12.

[5] Vanidades, “Estilo vegano”, por María Soledad Quintana, 13 de junio de 2012, p.104.

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