De “colecciones zoológicas” y “mascotas”

19-3-11

Como es sabido, las colecciones de animales surgieron como símbolo de riqueza y poder de monarcas y soberanos, en milenios anteriores a la era cristiana, que luego en Roma se enlazarían con las luchas entre hombres y animales. Subsistieron luego como símbolo de dominación y fuerza de los diversos potentados que en la Edad Media recluían a los animales no humanos, para resurgir en el siglo de la conquista española, vinculados en parte a los “regalos de fieras” entre hombres del clero y la nobleza, quienes se maravillaban con las “bestias” de los mundos descubiertos y colonizados. La historia prosiguió, con intentos de recluir sin rejas, y de someter armando una escenografía que imitara ese hogar natural que les pertenecía y en el que no viven.

Hace poco tiempo entablé una conversación con una persona que casi asimilaba el concepto de reserva con el de zoológico, preocupada además por el hecho de que los niños, sin zoológicos, no podrían “conocer” a los animales. Así que tuvimos un diálogo amable, respecto de temas fácilmente imaginables, que comenzó diferenciando ambos conceptos de mi parte,  prosiguió  con el tema “educativo” de la suya,  y continuó por variadas rutas. Es habitual que la gente tienda a considerar a los zoológicos como lugares “educativos”, dado el empeño que los mismos ponen, como empresas, para alcanzar el beneplácito de los visitantes a quienes venden sus servicios de observación y venta de productos, incluyendo animales como comida, brebajes varios y recuerdos del paseo. Suele ser habitual también que propicien la tenencia responsable de “mascotas.”

A unos días de esa conversación encuentro un caso de actualidad que ilustra la manera en que avanza y se consolida la explotación animal, demostrando que el especismo no es solamente una cuestión de prejuicio individual, por lo que su disolución no puede encararse sólo desde este enfoque.

Esta brevísima historia puede analizarse dentro de una explotación que comienza, como en todos los casos, con la compra de la “cosa”, el animal no humano. Un muchacho argentino de 25 años recibió, cuando era niño, cuatro llamas compradas por su padre en un remate para regalárselas como “mascotas.”[1] El niño creció, ganó un premio en  una exposición y armó luego un emprendimiento, comprando más animales, y formando una cooperativa con mujeres jujeñas, para que confeccionen prendas con las fibras que él les iría enviando. Se dedicó a exportarlas, y hoy su marca se vende asimismo muy bien entre los turistas que transitan Argentina, los que antes apenas podían contar con muchas variantes que la típica y  “tradicional” de los artículos de cuero.

El negocio se va abriendo y exportó llamas a Uruguay. En Argentina le insisten en que les envíe llamas como “mascotas.” El negocio de cría de animales como “mascotas” es un gran negocio en Argentina, incluyendo la exportación de los cachorros. El negocio funciona tan bien en España, por ejemplo, que una empresa ofrece gatitos bebés en una especie de alquiler: cuando crece, lo cambian por otro, de manera de que los clientes puedan tener siempre un “gatito joven y sano a disposición.”[2]

Para cerrar el círculo de las colecciones, desde Omán le piden llamas para diversión de cumpleaños de un sultán, así que el joven empresario argentino contrató a un adiestrador para el caso y luego viajó con sus colaboradores a participar de la fiesta exótica.

La red de esta historia se cierra donde empezamos, en las colecciones de animales. Porque el sultán, entusiasmado, decidió comprarlas para su zoológico privado.

El círculo de la dominación empieza con la domesticación, la cual se basa principalmente en dos acciones: apropiación del círculo reproductivo de la hembra y confinamiento. El paradigma del sometimiento va más allá del especismo como prejuicio individual, pues lleva el mismo a su entramado social, desde donde se sostiene de variadas formas, incluso como “ayuda para los humanos.”  No importa cuál sea el tipo de explotación, ni de qué grado de sometimiento se valga. Siempre hay apropiación, siempre hay daño.

Espero que quien conversó conmigo del tema zoológico/reserva/educación, esté haciendo conexiones, y decida hacerle ver a sus hijos esos fantásticos documentales donde los otros animales pueden ser realmente conocidos: en el hogar que les pertenece, y donde pueden vivir lejos de la opresión y el sometimiento humanos, sean autóctonos o de cualquier otro lugar.

Notas

[1] La Nación, 7 de marzo de 2011, El más autóctono y original de los negocios: exportar llamas. Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/1355471-el-mas-autoctono-y-original-de-los-negocios-exportar-llamas

[2] Rent a Cat: http://www.rentacat.es/

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