Discurso, pornografía y caza

ciervo-any-aboglio©María Comminou ©Traducción: Ana María Aboglio.

En Animals & Woman, Feminist Theoretical Explorations, Carol Adams & Josephine Donovan editors, Duke University Press, EE.UU., 1995, p.126-148.
Introducción

La Constitución, dice Catherine Mackinnon, “es una pieza de papel con palabras escritas en ella” (1987, 206). Esta pieza de papel se ha convertido en la base sobre la que se libran batallas de intereses opuestos. Qué grupo gana, al menos a corto plazo, es factible que sea determinado por personas designadas políticamente en la Corte Suprema.

El fracaso para lograr consenso en problemas que involucran a valores morales y a la ética hace que todas las partes se vean obligadas a recurrir a la legislación, preferentemente la federal, y en caso de fallar ésta, a la de nivel estatal. Temas que afectan profundamente a las mujeres, tales como aborto o acoso sexual y pornografía, por ejemplo, van del foro público a manos de la ley y viceversa. Su destino en términos de la ley se convierte en cuestión de interpretar el derecho a la intimidad en el caso del aborto y el derecho a expresarse libremente en el caso del acoso sexual y la pornografía. Según el caso, la constitución puede ser una aliada y debe ser respetada, o ser nuestra enemiga, y puede ser modificada o reinterpretada. Las disputas, expresadas en términos del derecho [1] realmente ponen límites y determinan quién se queda dentro y quién se queda afuera.

Mientras las mujeres y las minorías raciales y con una orientación sexual siguen luchando por una posición más segura dentro del círculo de los poseedores de derecho privilegiados, existe ahora otro grupo que se encuentra peleando en el límite. Este grupo de “tontos”, “brutos subhumanos”, puede estar representado únicamente por partidarios retirados de las filas de sus opresores. No puede consentir y no tiene capacidad para determinar su propio destino. En la jerarquía ideada por el Homo sapiens, los animales no humanos ocupan el rango más bajo y han prestado sus nombres para todo tipo de métaforas de mal trato [2]. Por el contrario, palabras peyorativas que expresan directamente compasión por los animales no humanos [3] en sí no vienen rápidamente a la mente, excepto para las descripciones directas de la tecnología moderna: “modelos animales” y “biomáquinas”.

Los animales no cuentan aún con “estatus” [4] legal y sus partidarios se ven a menudo obligados a protegerlos a través del subterfugio. A pesar de que no contamos con legislación que proteja los derechos de los animales como tales, sí contamos con algunas leyes contra la crueldad. Sin embargo, a algunos animales se les ha negado incluso la categoría de “animal”, que podría activar algún mecanismo de protección. Los defensores de los animales han recurrido a las cortes para obligar al Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) a que incluya a los ratones, ratas y a los pájaros en la definición de “animales” prevista por las normas de la Ley de Bienestar de los Animales de 1970, pero no han tenido éxito aún en superar el obstáculo de la adquisición de status legal [5].

Incluso los esfuerzos tendientes a la aprobación de legislación que prohiba algunas de las prácticas más innecesarias en el trato y explotación comercial de los animales -tales como la Ley de Animales Caídos, por ejemplo- no han tenido éxito aún (Hazard 1992). Esta ley, cuyo objetivo fue proporcionar eutanasia humana y oportuna al ganado lastimado o enfermo que ya no puede seguir en pie o caminar, fue presentada por última vez en el Congreso N°103 y allí expiró, porque se puede hacer algo de dinero al comercializar a estas criaturas agotadas antes de que la enfermedad se apodere totalmente de ellas. Un proyecto similar (Cal. S. B. 692) fue convertido en ley en California en septiembre de 1994, pero no mucho antes fue convertida en algo inútil e ineficaz a través de unos pocos cambios, aparentemente menores, pero fundamentales. La cláusula referente a la eutanasia, por ejemplo, fue reemplazada por la condición de ya sea tomar “acción inmediata para efectuar la eutanasia” o de “retirar al animal del lugar” (Asociación Humana de Agricultura 1994). Los esfuerzos de la oposición para un alcance mucho más amplio, tales como leyes contra el acoso a la caza y legislación esencial tendiente a la protección del carácter reservado de los laboratorios de animales [6], han tenido éxito en el estado e incluso a nivel federal, a pesar de los temas de constitucionalidad que despiertan.

La religión se encuentra en el centro de otras disputas constitucionales y los indicios en este frente se encuentran mezclados. La libertad religiosa ha sido apoyada por cortes superiores en el caso de algunos padres de la Ciencia Cristiana que rechazaron buscar un tratamiento médico de tendencia general para sus hijos enfermos y se atuvieron en cambio al resultado de una curación espiritual, incluso a pesar de que el desenlace fuera la muerte del niño/a (Goodrich, 1992). Por otra parte, la prohibición contra el uso de la planta narcótica peyote no ha sido levantada en relación con los rituales religiosos de los Indios Americanos. En el caso de Smith, de 1990, la Corte Suprema determinó que la prohibición del peyote era neutral porque se aplica a cualquiera y no está dirigida a un grupo en particular debido a su religión [7].

La decisión no satisfizo a las organizaciones religiosas, que vieron en ello un desgaste de su práctica libre de religión. No es de sorprender, que en referencia al tema de sacrificios de animales en nombre de una religión, organizaciones religiosas que van desde las Presbiterianas hasta las Judías y hasta la de los Adventistas del Séptimo Día se unieran a la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) para apoyar la libertad de practicar rituales religiosos (Roman 1992ª).

En este artículo hago una crónica de la importancia o la protección desigual que se le ha concedido a la libre expresión en casos aparentemente sin conexión de pornografía y caza. Al comparar en primer lugar las reacciones a leyes contra la pornografía y contra el acoso a la caza, encontramos que estamos lidiando con situaciones en las que aquellos que se encuentran en el poder hacen e interpretan las leyes para servir a sus propósitos. Una comparación entre las leyes en contra del acoso sexual y contra el acoso a los cazadores revela incongruencias mayores. Si queremos tomar partido, pareciera en forma superficial que no podemos tomar partido por las mujeres y los animales sin perder lógica en el asunto de la libertad de expresión. Sin embargo, si reflexionamos, encontramos que podemos confiar en nuestra compasión por ambos, porque estas inconsistencias desaparecen si reconocemos que la pornografía y el acoso sexual están en relación con el silenciamiento de las mujeres, así como las leyes contra el acoso a los cazadores buscan silenciar a los únicos defensores de los animales. Las mujeres y los animales o sus defensores pueden no siempre parecer estar del mismo lado de la disputa porque los temas involucrados están siendo definidos nuevamente ante nuestros propios ojos pero no importa de que lado estén sentados, hasta ahora, componen el lado perdedor.

Pornografía y Caza

De los ejemplos anteriormente mencionados, podemos conjeturar que una interpretación restringida de la Constitución, una que permita una restricción de los derechos fundamentales, es considerada como legítima cuando importan los grupos que se ven afectados. De no ser así, la Constitución es considerada como algo absoluto. Por ejemplo, aparece una avalancha de opiniones y experiencia legal, no de la ACLU, para defender la libertad de expresión cuando el desafío proviene de mujeres que buscan la aprobación de legislación en contra de la pornografía. Pero hay un silencio ensordecedor por parte de los defensores de la Primera Enmienda cuando la propuesta proviene de grupos de caza. La defensa de la libertad de expresión en el último caso ha recaído principalmente en las espaldas de los activistas de los derechos de los animales. Cuando se deslizó una cláusula que se refería a la “obstrucción de caza legal” en la ley contra el crimen H. R. 3355 bajo la apariencia de “seguridad pública recreativa”, la ACLU recurrió como última instancia al problema de la libre expresión.

En forma superficial, el fracaso de la legislación contra la pornografía y el rápido éxito de las leyes contra el acoso a los cazadores [8] se encuentran en veredas opuestas del debate de la libre expresión y por lo tanto apuntan simplemente a la inconsistencia. Pero a un nivel más profundo, ambos casos tienen que ver con quién “dispare los tiros”. En este sentido, los casos de sacrificios de animales que decidió recientemente la Corte Suprema de Estados Unidos podrían haber sido alentadores. La ciudad de Hialeah, Florida, aprobó ordenanzas que prohiben sacrificios animales pero sólo en respuesta a las prácticas abiertas por parte de los seguidores de la religión Santeria [9]. Por lo tanto, se argumentó que la legislación tendía a coartar la libre práctica de una religión en particular y no a prevenir la crueldad contra los animales o a proteger la salud pública, como exigía la ciudad. Debido a que las ordenanzas no pudieron satisfacer los criterios de “neutralidad”, específicamente al centrarse en una matanza religiosa y excluir otros casos de matanza de animales, la Corte Suprema falló en contra de Hialeah [10]. La decisión se basó en la resolución de Smith que no permitía el uso de drogas prohibidas ni siquiera por razones de interés religioso y separación estatal [11]. Por lo tanto, la cuestión de si los animales pueden perder sus vidas en función de la práctica libre de una religión no ha sido resuelta aún y debe esperar que una nueva causa no se vea impedida por imperfecciones en Hialeah.

La cuestión de la pornografía ha dividido tanto al sector feminista como al sector liberal y ha creado algunas alianzas extrañas [12]. Algunas feministas se opusieron a cualquier tipo de legislación en contra de la pornografía en base a que se trata de una forma de expresión y que cualquier restricción a la expresión afectará en forma desproporcionada a las mujeres. Por otra parte, algunos conservadores religiosos o de derecha han respaldado prohibiciones a la pornografía con los mismos argumentos con los que se oponen a la obscenidad: ofende las normas de la comunidad y desfigura los valores familiares. Las feministas que se oponen a la pornografía, en cambio, no están motivadas por una moralidad puritana. Ellas, en cambio, consideran a la pornografía como una cuestión política que afecta la condición de las mujeres en una sociedad dominada por los hombres.

La profesora de derecho de la Universidad de Michigan, Catharine MacKinnon y la escritora feminista Andrea Dworkin esbozaron en forma conjunta un modelo de legislación antipornográfica en base a la consigna de que la pornografía viola los derechos civiles de las mujeres, como quedó demostrado a través de los efectos nocivos que esta tuvo sobre las mujeres como clase. Se reconocieron y se hicieron efectivos cuatro daños: coerción en la producción de pornografía, aplicación forzada de material pornográfico sobre los demás, ataques directos originados por cierta pornografía específica y el tráfico pornográfico (MacKinnon 1987, 179). La pornografía se define concretamente y se excluye lo que se conoce normalmente como erotismo. Una versión de esta legislación fue aprobada en Indianápolis pero fue declarada posteriormente como inconstitucional por parte de la Suprema Corte de los Estados Unidos, que permitió que prevaleciera la decisión de una corte de apelaciones. En palabras de MacKinnon, “esta es una ley que le da a las víctimas acción civil cuando son obligadas a efectuar pornografía, cuando se les impone pornografía, cuando son subordinados a través del tráfico pornográfico” (MacKinnon 1987, 210). Una ordenanza similar efectuada por parte de la ciudad de Minneapolis fue vetada dos veces por el intendente. La legislación antipornográfica es un ejemplo de las coaliciones no sencillas formadas por ambos bandos [13]. De acuerdo con Kaminer, “fue presentada al Municipio de la Ciudad de Indianápolis por parte de un activista anti-ERA, aprobada con el apoyo de la derecha y convertida en ley por un intendente Republicano”(Kaminer 1992). Por otra parte, un grupo que incluye a Adrienne Rich y Betty Friedan formó la Fuerza Feminista de Actividad Anticensurable (FACT) a fin de oponerse a tal legislación [14]

En su reciente libro, en un capítulo titulado “El Evangelio de acuerdo con Catharine MacKinnon”, la absolutista de la libertad de expresión Nat Hentoff critica el enfoque legal de MacKinnon-Dworkin respecto de la pornografía como censura y cita opiniones que expresan duda respecto de la conexión entre la pornografía y la violencia en contra de las mujeres (Hentoff 1992). Otros han sido menos reprimidos en su oposición. Un ejemplo extraordinario de persuación e identificación con la representación masculina del sexo y la pornografía está presentado por Camille Paglia en un ataque sin respiro y florido dirigido hacia el equipo MacKinnon-Dworkin, al que denomina “El sombrerero loco y su lirón durmiente” (Paglia 1992). “Soy una pornografista,” declara ella en una línea abierta en su artículo de la revista Playboy, en los que alterna entre insultos imaginativos (“Acabemos con el Feminismo Enfermante, con su corte de enfermas del estómago, anoréxicas, bulímicas, depresivas, víctimas de violación y sobrevivientes a incestos”) y una exaltación poética de la pornografía (“la pornografía es un escenario pagano de belleza, vitalidad y brutalidad, del vigor arcaico de la naturaleza. Debería romper con toda regla, ofender toda moralidad… La pornografía permite que el cuerpo viva en una gloria pagana, el absolutismo lujurioso en forma desordenada de la carne”). La de Paglia es una nueva forma elocuente de repetir la banalidad de que las mujeres deberían disfrutar la degradación y la violencia si eso es lo que les place a los hombres, dado que la sexualidad está definida por los hombres para ambos sexos [15]

Sean cuales fueren los méritos de estos argumentos, la elocuencia de los defensores de la pornografía, como Paglia, es igualada únicamente por la prosa de los columnistas exteriores al defender la caza. En una columna de aproximadamente más de 800 palabras, Gene Mueller se las arregla para describir a “los seguidores de la religión más reciente de Estados Unidos, los activistas de los derechos de los animales que pugnan por la vida de una rata más que por la de un ser humano” como “gente Bambi” y “recolectores de dientes de león” y finaliza su artículo con una amenaza encubierta: un cazador asustado puede disparar por reflejo y “qué si el disparo de pájaro se esparció sobre la creación y encontró….” (Mueller 1992). Se supone que su artículo tiene humor, por supuesto, pero este humor es el tipo de humor que la gente que pasa a ser su objetivo no parece apreciar. Por el contrario, el Senador Burns, que presentó la sección de acoso a los cazadores en la ley contra el crimen, representó a los que protestan contra la caza como extremistas peligrosos de los que los cazadores deben protegerse (Seelye 1994).

Con fervor legislativo galopante, casi todos los estados ya aprobaron leyes en contra de actividades que impidan la caza. Pocas de estas leyes ya fueron o están siendo cuestionadas en su constitucionalidad, tal como la versión de 1985 de la Ley de Acoso a los Cazadores de Connecticut. Los estados están haciendo lo imposible para impedir cuestionamientos a la Primera Enmienda, incluso evitar arrestos o tratan de retirar los cargos de aquellos que violan las nuevas leyes (Bass 1992). Una oposición a la ley enmendada de 1990 de Connecticut, que incluye aún en su lista de actividades acosantes “estímulos naturales o artificiales, orales, olfatorios o físicos que afecten el comportamiento de la fauna a fin de impedir la caza legal,” ha fracasado (ver Bass 1992). Se citó que el fiscal de la causa expresó que el derecho a privacidad del cazador “en medio de la selva” engaña a cualquiera de las afirmaciones de la Primera Enmienda efectuadas por parte de los activistas [16]. La preocupación por la protección de la privacidad del cazador para dispararle a animales en medio de tierras públicas, incluyendo los Refugios Nacionales de Vida Silvestre, obliga a aquellos que se compadecen con lo cazado a arriesgarse al arresto o estar lejos de tierras públicas durante la secuencia interminable de temporadas especiales para cada “animal de caza” desde un pato a un ciervo, a un faisán, a una ardilla y a un conejo, que pueden ser cazados durante todo el año. Este interés avasallante de los estados por los derechos de la privacidad no parece extenderse a las mujeres, cuyos derechos a la privacidad respecto a elecciones reproductivas han sido eliminados en los últimos años.

La constitucionalidad de las leyes de acoso a los cazadores no sólo se había escapado del escrutinio de varios campeones de la Primera Enmienda hasta su aparición de la ley contra el crimen de 1994, sino que no había ni siquiera recibido la misma discusión que otras leyes desafiantes, tales como las leyes antipornográficas o de acoso sexual. Incluso la Radio Nacional Pública no mencionó la cuestión de la constitucionalidad en un segmento en el que describe una protesta infructífera de acoso a los cazadores en Pennsylvania durante el primer día de la estación de caza de osos en 1992 [17]. El modelo MacKinnon-Dworkin se las ingenió para pasar la aprobación en Indianápolis, sólo para ser rechazado posteriormente, como ya he mencionado. En el único lugar donde recibió apoyo en Estados Unidos fue en Minneapolis, pero fue rechazado dos veces por el Intendente Donald Fraser (Hentoff 1992, 340). En cambio, las leyes de acoso a los cazadores no encontraron tales obstáculos, como certifica su pasaje.

Se pueden exponer varias explicaciones para esta discrepancia. Una la presenta MacKinnon para explicar el fracasa de la legislación antipornográfica: el daño causado por la pornografía a sus victímas no es considerado tan importante como la pornografía y los materiales pornográficos que hay a disposición (MacKinnon 1989, 213). El acoso a los cazadores, por otra parte, lastima a un montón de personas que apuestan a ganar al promover la caza.

Varias explicaciones pueden argumentarse para esta discrepancia. Una la da MacKinnon en persona que explica el fracaso de la legislación en contra de la pornografía : el daño causado por la pornografía a sus víctimas no es considerado tan importante como el hecho de tener pornografía o material pornográfico disponible (MacKinnon 1989,213). El acoso a los cazadores, por otra parte, daña a un montón de personas que ganan con la promoción de la caza.

Otra explicación es que la expresión de ciertos ciudadanos es más valiosa que la de otros. De este modo, el que no haya leyes antipornográficas salvaguarda la libertad de expresión de los hombres mientras que silencia a las mujeres; la aprobación de leyes en contra del acoso a los cazadores restringe la expresión de los activistas por los derechos de los animales, la mayoría de los cuales son mujeres. En realidad, por supuesto, la expresión de cualquier persona que se aventure por la selva puede ser restringida pero sólo los activistas por los derechos de los animales son el blanco, debido a su supuesto intento por eliminar la caza. La Corte Suprema de Connecticut aceptó que se hayan en juego cuestiones de libertad de expresión pero sostuvo, sin embargo, que los estatutos de acoso a la caza eran de contenido neutral, es decir, que no prohibían ningún mensaje en particular y que podían ser regulados por el estado.

Un tercer motivo, sin conexión, es que la pornografía es considerada como una forma de expresión y que por lo tanto se halla protegida por la constitución, mientras que el pronunciamiento de los activistas contra la caza se considera una conducta y por lo tanto es ilegal [18], es que tanto la pornografía como la caza son industrias multimillonarias. El hecho es que se conoce bien lo que representa la pornografía pero el valor económico de la caza puede no ser tan obvio. Alan Farnham (1992) presenta gastos de $10 mil millones pagados por los cazadores: el porcentaje más grande de dinero, 49 por ciento, va para equipamiento, incluyendo armas, municiones y vehículos; 19 por ciento para comida y alojamiento; 16 por ciento para transporte; 9 por ciento para acceder a tierra y 4 por ciento para varios aranceles y permisos gubernamentales. Los beneficiarios de este margen de ganancias, incluyendo al gobierno, no han de privarse del mismo para proteger la libertad de expresión de los amantes fuera de foco de Bambi [19], que reciben esas características para prevenir que el público se identifique con ellos y se apiade de su causa. Irónicamente, a pesar de discutir el daño hecho por la pornografía o de ser dejado de lado por ser considerado indirecto o sin importancia por parte de los liberales del discurso libre, de los partidiarios de la pornografía y de las cortes, no existe un daño directo que pueda atribuírsele a los activistas de la causa contra la caza, excepto quizás el de arruinarle a los cazadores la diversión de matar. Por el contrario, a los que protestan contra la caza se los puede responsabilizar de reducir la carnicería humana que provocan directamente los cazadores, de prevenir que disparen con tanta frecuencia (¿y sin cuidado?) de lo que lo harían en caso contrario. A pesar de que el número total de accidentes de caza continua disminuyendo, posiblemente debido a los cursos obligatorios de seguridad para cazadores, dictados en 47 estados [20], el número de fatalidades humanas producidas por los cazadores (incluyendo las muertes autoinfligidas) aumentó de 146 en 1990 a 160 en 1991 (Castaneda 1992). Obviamente, los animales cazados, que son las víctimas reales, no se cuentan como heridas o muertes -para sugerir incluso que deberían, que serían consideradas como absurdas por aquellos que se involucran o que promueven la caza.

El tema del daño puede ser de suma importancia [21]. En sus escritos y discursos, MacKinnon da a menudo ejemplos de otros tipos de expresiones que no son protegidos debido al daño que pueden causar. Gritar “¡Fuego!” sin razón, en un teatro lleno de gente, darle una orden de ataque a un perro guardián especialmente entrenado, dar asesoramiento médico sin contar con el título correspondiente, hacer publicidad comercial falsa, solicitar coimas, conspirar en forma delictiva, efectuar amenazas, realizar contratos que violen la ley – ninguna de todas estas expresiones se encuentran protegidas en la actualidad por ser consideradas como libre expresión y nadie se queja al respecto. Por lo tanto, la pornografía puede ser legislada bajo la misma teoría de daños y perjuicios que justifican la reglamentación de todas estas otras formas de expresión. Los daños que pueden atribuirsele a la pornografía incluyen daños durante la producción, daños a mujeres en forma de un aumento de ataques sexuales y violencia como resultado de la pornografía y daños provenientes del uso de la pornografía en acosos sexuales (Sunstein 1993ª). En forma similar, las objeciones de que tales reglamentaciones no son neutrales porque restringen un punto de vista (presentar a las mujeres como seres inferiores) pero no el opuesto (presentar a las mujeres como a iguales) pueden responderse en referencia a otros ejemplos de expresión reglamentada. El hecho de que no podamos ver la falta de neutralidad, por ejemplo, al prohibir la publicidad de drogas ilegales, mientras recibimos con agrado a la publicidad en contra de drogas ilegales, se debe a la aceptación difundida de tales acciones. La falta de neutralidad se torna invisible cuando tratamos puntos de vistas convencionales o tradicionales pero deja de serlo cuando los puntos de vista no son tradicionales (Sunstein 1993ª).

El tema del daño es también el centro de los esfuerzos por regular las expresiones de odio o racistas. Es verdad que algunos códigos de expresión de odio de las universidades, redactados en forma precipitada, fueron rechazados por los tribunales o dejados de lado en forma voluntaria y que los indicios de los fallos de la Corte Suprema no son alentadores [22]. Sin embargo, existe un creciente reconocimiento de los daños que infligen las expresiones de odio en sus víctimas. Se están realizando nuevos esfuerzos para equilibrar los principios de la Primera Enmienda y los derechos de sus víctimas (ver Matsuda 1989).

En el caso del acoso a los cazadores, la ley trata de proteger las actividades tradicionales del grupo especial de cazadores, a pesar de que al hacerlo de esta forma restringe las actividades de un grupo no tradicional de zoofílicos e incluso de individuos neutrales a la caza que se sienten incómodos al permanecer en los parques mientras los disparos continúan. Las actividades de los que protestan en contra de la caza, que acosan a los cazadores y tratan de convencerlos de conservar a los animales, no provoca la eliminación de algo para lo cual sólo están autorizados los cazadores. Las exhortaciones de los opositores para que los cazadores respeten la vida de un ciervo o disparen con una cámara en lugar de hacerlo con un arma no pueden caracterizarse como “palabras combativas” o expresiones de odio de ninguna forma.

¿Porqué deben ser los animales de tierras públicas considerados propiedad de cazadores para que los maten y no propiedad de aquellos que se oponen a la caza para salvarlos? Es difícil evitar en este caso una comparación con los que protestan en pro de la vida y bloquean las entradas de clínicas donde se efectúan abortos. Las actividades que realizan, mientras no sean violentas, están protegidas con el mote de libertad de expresión, pero las actividades pacíficas de los opositores a la caza son consideradas como una conducta al margen de la ley [23]. En oposición, los cazadores pueden matar animales, que son sujetos independientes de vida, como parte de su derecho a la privacidad sin que haya interferencia por parte de los que protestan; la privacidad de las mujeres que buscan terminar con un embarazo -o, para usar el mismo lenguaje, matar a un feto que no es viable en forma independiente – no siempre está protegida por aquellos que se oponen al aborto. Los cambios que se producen actualmente en el Congreso y en los tribunales complicaron el tema. El Congreso promulgó leyes que protegen a las clínicas que realizan abortos contra opositores violentos al mismo tiempo que promulgó leyes que aseguren la “seguridad” de cazadores de aquellos que interfieren con la “caza legal” [24]. La ACLU apoyó la ley de protección clínica pero se opuso a la ley de acoso a los cazadores. La explicación para la diferencia en el trato puede radicar en el hecho de que el Congreso, bajo la influencia del lobby de la Asociación Nacional de Rifles, mezcló a los defensores de los animales con manifestantes violentos, mientras que la ACLU, cuando por fin se dió cuenta del hecho, pudo distinguir entre la violencia contra las clínicas donde se realizaban abortos y las demostraciones pacíficas de aquellos que protestan en contra de la caza.

Al reexaminar el trato diferencial de la libertad de expresión en los esfuerzos por reglamentar la pornografía y el acoso a los cazadores en vistas de las observaciones anteriormente mencionadas, podemos llegar a la conclusión de que la discrepancia se explica mejor si reconocemos que no existe tal discrepancia en absoluto. Las leyes antipornográficas restringen la libertad de expresión de los hombres sólo al punto de concederle algo de expresión a las mujeres. Desde el punto de vista de las mujeres, que son las víctimas principales de la pornografía, las leyes antipornográficas son realmente leyes para la libertad de expresión de las mujeres. Los que protestan en contra de la caza, que representan a sustitutos de los animales, también piden libertad de expresión, expresión que hasta el momento ha estado reservada para los cazadores. Sus acciones, en nombre de los animales, son expresiones no violentas de un punto de vista y por lo tanto de expresión.

En forma similar, las acciones de los cazadores pueden interpretarse también como una forma extrema de expresión: si los animales son meros objetos y no personas, entonces matarlos como deporte es una forma de expresión al igual que quemar una bandera se considera una forma de expresión. La bandera es un símbolo que representa a una nación, a un gobierno en el poder o a una ideología dominante. Por lo tanto, quemar una bandera puede considerarse una expresión de ideología política que se manifiesta en contra del status quo. A pesar de que ningún animal cuenta con representación legal, los animales de caza están desprovistos, incluso, de la más mínima protección que brinda la legislación en contra de la crueldad. Para los cazadores, los animales de caza son un deporte y un medio de validación de su hombría o fraternidad con otros cazadores. La caza y las trampas a menudo forman parte de los ritos del pasaje a la adultez en comunidades rurales. Por lo tanto, la caza puede ser una forma de expresión que expresa una ideología masculina del juego, la suficiencia y el dominio. Es una afirmación, no una protesta, del status quo. Dado que los animales de caza no cuentan con derechos legales o protección en la temporada de caza, no se considera que se produzca daño alguno: la caza se torna una forma de expresión. Si esta interpretación parece inverosímil, es sólo debido a que no es familiar y al hecho de que debe estar presente en una cultura en la que los animales realmente no importen. Irónicamente, es precisamente el hecho de que los animales no cuentan lo que nos permite considerar a la caza como la expresión de un punto de vista o expresión de nuestra sociedad.

En vista de la expresión de grupos privilegiados en oposición a grupos marginados, las historias contrastantes de las leyes antipornográficas y las leyes de acoso a los cazadores son en verdad coherentes. Los dos grupos sumamente coincidentes, las mujeres y los opositores a la caza, se ven simplemente silenciados por las leyes actuales. El caso de la privacidad es similar. Los cazadores pueden reclamar fácilmente el derecho a tener privacidad a fin de contrarrestar interferencias mientras ellos les disparan a seres que no les pertenecen en zonas públicas pero las mujeres no pueden recibir la misma protección en clínicas privadas que efectúan abortos sin soslayar varias barreras judiciales y legislativas.

Los animales cazados, que simplemente han sido transformados en “juego” para ser “cosechados” cuando están maduros en la “estación” adecuada, son otro ejemplo del referente ausente que Carol Adams describe en forma tan apta en referencia a la carne: “Los animales han sido referentes ausentes, cuyo destino se ha convertido en una metáfora para la existencia o el destino de alguien más… en este caso el significado original del destino de los animales es absorbido por la jerarquía que se centra en el hombre” (Adams 1990, 42). De hecho, las metáforas de caza y carne se yuxtaponen en el caso de los animales cazados, ya que los cazadores tratan cada vez más de justificar sus matanzas al consumir el objeto de su violencia, o, en algunos casos, tratan de recibir la absolución o el crédito del beneficio al ofrecer lo cazado a organizaciones de caridad para que lo consuman seres humanos pobres o indigentes (DePass 1992). De esta forma, los pobres se convirtieron en los cómplices inconscientes del fallecimiento de aquellos que están incluso peor que ellos. De forma similar, el dinero del símbolo reconocido de la pornografía, la revista Playboy, contribuyó a través de la Fundación Playboy a las causas de las feministas o de las mujeres (MacKinnon 1987, 134). Podemos seguir la analogía hasta el caso de la prostitución. Los sin techo [25] tienen pocas opciones de que su consumo del botín de los cazadores no pueda ser considerado como una elección libre como en el caso de las mujeres que expresan que se involucran en la prostitución al no tener otra elección (Giobbe 1990).

Existe también una conexión más directa entre la pornografía y la caza. Cuando no cazan, los cazadores se pueden entretener con otras atracciones masculinas que les son suministradas en los cotos de caza: Como informa Farnham (1992), “se puede conseguir un desnudo y un muchacho por $1,50”; el stripper junta las propinas de las narices “de los clientes”. No en forma manual.” Puede ser en verdad una forma de entretenimiento o puede ser una preparación psicológica, como el hecho de mostrarles películas pornográficas a los pilotos de la Guerra del Golfo en vísperas de sus “ataques quirúrgicos” a Iraq [26]. Existe aún una permutación más horrible de este tema en la guerra civil en Bosnia. Un combatiente Servio capturado reveló la forma en la que el era entrenado en un combate mano a mano con cerdos vivos, cuyas gargantas cortaba una vez que los había inmovilizado. Luego se le exigía que aplicara esta práctica con los prisioneros de guerra de Bosnia y en la violación y asesinato de niñas de Bosnia. El expresa que cumplía órdenes (Beeston 1992).

Acoso Sexual y Acoso a los Cazadores

¿Qué significa acoso? Durante las audiencias de Anita Hill – Clarence Thomas Senate y los informes y encuestas respectivas, aprendimos al menos algo respecto al acoso sexual: la mayoría de las mujeres dijeron que sabían lo que era, pero la mayoría de los hombres afirmaron que no tenían idea de a qué se referían las mujeres (Roman 1992b).

No ha habido semejante confusión aparente en el caso del acoso a los cazadores, o al menos los tribunales y la legislatura no se dieron cuenta. Examinemos los pronunciamientos de las leyes de un estado en contra del acoso sexual y el acoso a los cazadores. Michigan nos ayudará en este propósito, ya que sus leyes parecen ser representativas. Como informó Roman, la mayoría de las leyes estatales consideran al acoso sexual como una discriminación sexual ilegal. El acoso sexual a una mujer no es algo que le sucede a ella por la clase de mujer que es sino simplemente por ser mujer. Tampoco es una expresión biológica de todos los hombres, pero incluso en ese caso, seguiría siendo errónea.

Argumentos semejantes son los que detalla MacKinnon (1987) y muestran los pasos que los tribunales siguieron para llegar a la conclusión de que el acoso sexual es una discriminación sexual. El acoso sexual como discriminación fue prohibido en el Título VII de la Ley de Derechos Civiles (Furfaro y Josephson 1992) y la Comisión de Iguales Oportunidades de Empleo (EEOC) codificó las pautas de acoso sexual. Los lineamientos de la EEOC son la norma utilizada por las leyes estatales tales como las de Michigan.

La ley de Michigan [27] especifica que “La discriminación debido al sexo incluye al acoso sexual que representa avances sexuales no deseados, solicitudes de favores sexuales y otras conductas o forma de comunicación verbal o física de naturaleza sexual” y luego proceder a establecer las condiciones en las que se puede responder a tal conducta. Dicha conducta asume generalmente a una de las dos siguientes formas: la forma quid pro quo, en la que tal sumisión a o rechazo de la conducta repercuten en el empleo o la educación, la vivienda y otras condiciones de servicios públicos o procesos de toma de decisiones que afectan al individuo; o la forma de ambiente hostil, en las que el clima creado por la conducta interfiere en el bienestar psicológico o de acción de la víctima (Furfaro y Josephson 1992). Bajo la forma de entorno hostil, la conducta permanece en gran parte sujeta a la interpretación y esto ha incitado la ira de los defensores de la libertad de expresión, especialmente dado que las decisiones recientes de la corte dejan la determinación de qué constituye un ambiente hostil a la pauta de una “mujer razonable”. De acuerdo con Plevan y Popper (1992, 25), “la corte razonó que las diferentes perspectivas entre los hombres y las mujeres respecto del comportamiento sexual requerían la aplicación de normas basadas en el género.”

A pesar de que la mayoría de las víctimas de acoso sexual han sido mujeres y los perpetradores hombres, una norma basada en el género santificado por la ley no sólo está perturbando a la mayoría de los hombres, que ahora comienzan a experimentar qué se siente ser “el otro”, sino que en ciertas ocasiones puede tener un resultado contraproducente para las mujeres y otros grupos de opinión minoritarios en diferentes contextos debido al cumplimiento selectivo (discriminatorio). Esto sucedió en Canadá. En 1992, en el fallo histórico de Butler, la Corte Suprema de Canadá tomó una postura a favor de las mujeres con respecto a la pornografía al sostener que las restricciones sobre pornografía que subordinen o degraden a las mujeres en verdad infringen la libertad de expresión pero que las restricciones sobre tales expresiones se justifican porque le causan daño a las mujeres [28] Sin embargo, la primera publicación que fue objeto de juicio bajo la nueva disposición fue una revista para lesbianas producida por mujeres para mujeres y que mostraba imágenes de mujeres desnudas unidas (Varchaver 1992). Dado que la pornografía de lesbianas y la victimización de mujeres por otras mujeres es en general un problema social relativamente pequeño, contamos aquí con otro ejemplo de la forma en la que la ley se aplica en forma selectiva y con más severidad a las mujeres [29] -a pesar de que tal vez una opinión más verosímil sea la de que el material homosexual ha sido objeto frecuente de pautas de obscenidad mucho antes de la decisión de Butler (Landsberg 1993).

La ley de Michigan sobre acoso a los cazadores especifica:

(1) Una persona no obstruirá ni interferirá en la captura legal de animales por parte de otra persona con el intento de prevenir esa captura legal.
(2) Una persona violará esta sección cuando el o ella incurran en forma intencional o a conciencia en algunos de los actos siguientes:
(a) conducir o perturbar a los animales con el propósito de evitar una captura legal de los mismos.
(b) Bloquear, impedir o acosar a otra persona que está a punto de capturar legalmente a un animal.
(c) Utilizar estímulos naturales o artificiales, ya sean visuales, orales, olfatorios, gustativos o físicos (sic) para influir en el comportamiento del animal a fin de evitar o prevenir la captura legal del mismo [30].

La ley continúa con la descripción de conductas adicionales prohibidas. Al comparar las leyes de acoso sexual con las de acoso a los cazadores, existen algunas diferencias sorprendentes. El acoso sexual se define, sin embargo, en forma inapropiada de acuerdo con algunas personas, como “avances sexuales no deseados”. En la ley de acoso a los cazadores, la palabra “acoso” figura en el punto (b) pero no se lo define específicamente, a menos que se lo utilice como sinónimo de “bloqueos” o “impedimentos”. Otra diferencia es que el cazador acosado debe hallarse ejecutando un acto específico, que se describe, eufemisticamente, sólo como “la captura legal de un animal.” ¿Suena esto como la matanza de un animal? En la actualidad se parece más a la “captura legal de su esposa por parte de un hombre,” que ya no es más legal en Michigan porque la violación matrimonial ha sido prohibida [31]

En un caso de acoso sexual hay dos partes involucradas, el acosador y el acosado, que es también la víctima. En un caso de acoso a un cazador, tenemos tres partes intervinientes, el cazador, el activista y el animal. Pero ¿quién es el acosador, el acosado o la víctima? Eso depende de las creencias personales morales o religiosas. A los ojos de la ley o de los cazadores, sólo hay dos partes, el animal sigue siendo la parte ausente. A los ojos de los activistas de los derechos a los animales y probablemente a los ojos de muchos que simplemente se oponen a la caza deportiva, el animal es la víctima acosada y el cazador es el acosador. La siguiente declaración en el informe de la sección de deportes sobre una protesta efectuada en Michigan contra la caza en el otoño de 1992 transmite en forma definitiva un punto de vista seguro respecto al tema: “(el jefe de la unidad de cumplimiento del Departamento de Recursos Naturales) instó a los cazadores que son víctimas de los manifestantes a mantenerse calmados y a no reaccionar en forma violenta, porque esta clase de manifestaciones están preparadas para que los cazadores aparezcan como los agresores” (Husar 1992). Esta debe ser una de las raras circunstancias en las que los escritores de noticias deportivas le adjudican una connotación negativa al comportamiento agresivo y lo asignan a aquéllos que ellos generalmente rechazan por ser amantes de la naturaleza Bambi. ¿la ley de Michigan y otras semejantes a ésta, como la ley de Connecticut de 1990 que contiene lenguaje similar, discriminan los derechos de los manifestantes a la libertad de expresión? Como algo escrito, se supone que la ley debe aplicarse para todos por igual, incluyendo a un devoto de la naturaleza que decide comunicarse con los espíritus del bosque por medio de una danza ritual y con hojas crujientes o por medio de un conjuro místico y en voz alta. ¿Se les iniciaría juicio a estos amantes de la naturaleza para hacer que la ley pase la prueba de neutralidad y por lo tanto se declararía que las tierras públicas no están al alcance de ninguna otra persona que no sea un cazador? ¿O no se los enjuiciará con el fundamento de que su intención no era evitar la caza sino comunicarse con la naturaleza? De ser así, ¿los manifestantes contra la caza podrían argumentar también que no es su intención impedir la captura legal de un animal, sino que simplemente desean comunicarle un mensaje urgente al alma de una hermana o incluso proteger la integridad del lazo maternal entre la gama y el cervatillo?

Hay algo seguro: los libertarios civiles están comenzado a defender poco a poco a los manifestantes en contra de la caza y el acoso a los cazadores ya no aparece en los pies de página de libros y artículos que debaten las cuestiones de libertad de expresión relacionadas con la pornografía y el acoso sexual. Los artículos de diarios de noticias que toman la cuestión en las secciones de deportes o en las secciones de aventura hacen esfuerzos denodados para demoler los estereotipos relacionados con el género al citar a mujeres que cazan, a pesar de que el número de mujeres cazadoras se estima en “un 11% que sigue en aumento” (Farnham 1992). Puede ser que los escritores de exteriores reconozcan inconscientemente la conexión entre la caza y el acoso a los cazadores con otros agravios feministas y deseen neutralizarla. Las feministas tradicionales han evitado cualquier comparación con las cuestiones relacionadas con los animales como algo que degrada a las mujeres en forma inherente, pero la reciente participación de la ACLU tiende a hacer que las leyes de acoso a los cazadores y de libertad de expresión sean, al menos, un tema respetable de discusión.

¿Qué podemos sacar como conclusión de la comparación entre las leyes de acoso sexual y acoso a los cazadores? La diferencia sorprendente en la aceptación se hace más clara aún si nos damos cuenta de que los verdaderos acosadores en ambos casos son predominantemente miembros del género masculino. Los opositores a la caza no están allí para acosar a nadie pero sí para proteger o advertirle a los animales que no son propiedad de los cazadores. Los cazadores están allí para efectuar el último acoso: la matanza. Al sustraer a los animales de la discusión respecto a la caza, las leyes tienen éxito al convertir al acosador en el acosado. Como en el caso de la pornografía, lo que superficialmente parece ser inconsistente, es consistente a un nivel más profundo. El verdadero acosador se encuentra en una posición de dominio pero debe ser protegido, ya sea al convertir su conducta en libertad de expresión, como en el caso de la pornografía o del acoso sexual, o al transformar su expresión en una conducta que debe protegerse en base al argumento de privacidad, como en el caso de la caza. La expresión de las víctimas y de las víctimas sustitutas bien no existe, como en el caso de la pornografía o del acoso sexual, o se la convierte en una conducta que puede suprimirse, como en el caso del acoso a la caza.

Violación y Caza

Cuando los argumentos éticos contra comportamientos atrincherados fracasan, los científicos y los cazadores, que son predominantemente hombres, utilizan la “naturaleza” y el ejemplo de otros animales para exonerar las propensiones menos atractivas del género masculino o para justificar su propio comportamiento. Y si bien su argumento usual en favor de la experimentación con animales o de la matanza o del consumo de animales es que los seres humanos son superiores debido a su racionalidad y a su inteligencia sin igual, cuando se trata de violación y caza, los demás animales y la naturaleza en sí misma les sirven a menudo como modelos y excusas. En el caso de violación, Anne Fausto-Sterling (1985) expone los intentos de socio-biólogos prominentes para ajustar sus observaciones en el comportamiento reproductivo de patos reales e insectos y peces para la definición de violación. Al definir violación como una estrategia adaptativa dictada por la evolución, estos científicos redefinen un delito humano como un comportamiento genéticamente programado que mejora el estado biológico de los hombres. La conclusión es que la violación es inevitable y que no deberíamos desperdiciar nuestros esfuerzos para evitarla a menos que podamos cambiar la naturaleza de los hombres.

En forma similar, los cazadores proclaman su derecho a matar en cierta forma al expresar que “los animales están en la tierra para nuestro consumo” y por otra parte al afirmar que la caza simplemente confirma “la condición de los animales” en la cadena de seres vivos: “Al matarlos, el (el cazador) se suma voluntariamente a la caza de vida y muerte que conecta a todos los demás predadores y presas. Y así conectado, experimenta la naturaleza en una forma más íntima que la simple observación de las ballenas: las observa y luego las come” (Farnham 1992). Marti Kheel analizó los escritos de los ecologistas profundos Randall Eaton, José Ortega y Gasset y Aldo Leopold sobre el tema de la caza y descubrió que para ellos la caza no es “un medio necesario de subsistencia sino más bien un deseo de realizar una necesidad psicológica profunda “para identificarse con el animal (Kheel 1990). Esta es una tarea imposible, dado que el animal es matado pero para los cazadores ordinarios el comer la carne muerta es, obviamente, suficiente para los fines de identificación. No es clara la forma en que las mujeres cazadoras interpretan su conexión con la naturaleza mediante la matanza pero el artículo de Farnham brinda algunas pistas. Despúes de informarnos que Jane Fonda también caza, describe una larga lista de la parafernalia más caliente y otros productos o servicios que podemos adquirir: armas que se cargan por la boca, esencias y señuelos, llamadores (instrumentos), sistemas de adquisición de presas como binoculares infrarrojos y Orejas Biónicas, videos de cómo hacerlo, clases especiales, alquileres de empresas, etc. (Farnham 1992). Tal abundancia de bienes de consumo puede atraer a los adherentes del credo “compre hasta que se canse” de ambos sexos y recrutar a algunas mujeres (y hombres) del usual “cazar las ofertas” a “comprar para la caza.”

Conclusión

No es ninguna novedad que la protección a la expresión se aplica en forma selectiva. Por un lado, es difícil imponer reglamentaciones sobre la libertad de expresión, cuando los productores de pornografía hacen dinero y las mujeres son las víctimas pero por otro lado, los temas de libertad de expresión son casi invisibles cuando los cazadores y la industria de la caza han de beneficiarse y sólo se silencia la expresión de los activistas de los derechos de los animales. De igual forma, las leyes de acoso sexual son criticadas a menudo y a la larga por no ser claras o infligir la libertad de expresión pero las leyes de acoso a los cazadores se han escapado en gran parte a tal escrutinio. Visto de esta forma, ni la aplicación de las leyes ni la posición de las mujeres (que forman la mayoría de los defensores de animales) en relación a cuestiones de libertad de expresión son incoherentes. El sistema legal protege incluso la libertad de expresión de la clase dominante a expensas de la libertad de expresión de los grupos subordinados o minoritarios. Para tal fin, puede recurrir a varias contorsiones, tales como la de retratar a los cazadores como víctimas de acoso y convertir las expresiones de opinión de los opositores a la caza en una conducta. De la misma manera, las mujeres tienen lógica cuando apoyan las leyes antipornográficas y se oponen a las leyes de acoso a los cazadores. En ambos casos, pelean por su derecho a no ser silenciadas al hablar en contra de explotadores que objetivizan a las mujeres o a los animales de forma similar [32].

En lo que respecta a las mujeres, parece haber un cambio que puede ser o no efímero. El fallo histórico de Butler en Canadá puede allanar el camino para una nueva legislación antipornográfica; hay una mayor conciencia de los temas de acoso sexual después de algunos casos recientes importantes y un cambio aparente de base en la ACLU [33]; y nuevas leyes contra el acecho ofrecen finalmente una cierta protección sumamente necesaria para las mujeres que a menudo son perseguidas a muerte por ex-maridos y novios (Holstrom 1992). Sin embargo, ya se espera que la constitucionalidad de estas leyes sea cuestionada. Lamentablemente, los defensores de los animales perdieron recientemente en apelaciones algunas batallas legales que ya habían ganado en tribunales inferiores [34]

Al mismo tiempo que divisamos el fenómeno de mujeres exitosas que adoptan las normas de los hombres en venganza. ¿La marcha de las mujeres hacia el ascenso en el poder, ganado con todas las ventajas, significará que ellas también elijan hacer gala de sus preferencias por la carne roja, la piel de los animales, la caza deportiva e incluso la corrida de toros?35 Ya que las mujeres están ensanchando las filas de la ciencia biomédica, pueden haber adoptado la práctica de la experimentación animal.36 ¿Se convertirá la explotación animal en el último símbolo de igualdad con el hombre blanco? O ¿el gran número de abogados mujeres cambiará la forma en la que la ley trata tanto a mujeres como a animales?

Notas

Desearía agradecer a Carol Adams por su aliento e insistencia para que escriba este artículo. De la misma manera me gustaría agradecer a los revisores anónimos por sus valiosas sugestiones y a Josephine Donovan, Susanne Kappeler y Katherine Malin por sus detenidas lecturas de mi artículo.

  1. El lenguaje de los derechos ha sido criticado por las feministas por su carácter patriarcal, pero está fijado en el sistema legal e impreso en nuestra conciencia. Como los diferentes modos de pensamiento también terminaron siendo oficialmente aceptados, la palabra “derechos” puede cambiar su connotación. En este artículo se usa como una abreviatura para acarrear a un amplio conjunto de ideas -incluyendo cuidado, consideración, liberación y legitimación procesal legal.

  2. Tal como “perra”,”chancho”, “rata”, “vaca”,”topo”,”tiburón” y, por supuesto “bestia”, “bruto”, “animal” y “carne”. Ver el artículo de Dunayer en este volumen.

  3. Uso el término “animales” como una abreviatura de “animales no humanos”, tal como en el discurso cotidiano.

4.Falta de legitimación significa aproximadamente que la ley no reconoce a los animales como entidades que poseen intereses en sí mismos. Los animales no tiene personería, aunque las corporaciones actualmente sí. En casos recientes llevados por activistas por los derechos animales intentaron establecer legitimación para las organizaciones de protección y derechos animales para litigar en beneficio de los animales, pero, después de algunos éxitos iniciales en las cortes de primera instancia, estos esfuerzos fallaron. Ver notas 5 a 32.

  1. El caso contra USDA, Animal Legal Defense Fund v. Madigan, 761 F. Sup..,797 (DDC,1992), fue llevado por la Animal Defense Fund (ALDF), la Humane Society of United States (HSUS), y otros 2 individuos en la corte federal. USDA perdió en primera instancia, pero la decisión fue volcada en apelación, en Animal Defense Fund v. Mike Espy, 23 F3d 496 (D.C.Cir.1994). La corte no reconoció que las organizaciones o los individuos, uno de los cuales era un investigador, tuviera legitimación para actuar porque no demostraron estar directamente afectados. Notar que las especies exlcuidas de la protección rudimentaria de la Animal Welfare Act comprende la vasta mayoría (85%) de los animales de laboratorio.

  2. Ver, por ejemplo, el Utah Code Ann. Sec. 76-10-2002 (Michie 1990).

  3. Employment Div.,Dept. of Human Resources of Oregon v. Smith, 494) U.S.972 (1990) Ver también “Hialeah’s Affront to Relifious Freedom, The Chicago Tribune, editorial,8 de noviembre 1992.

  4. De acuerdo con Heide Prescott de la Fundación para los Animales, en 1993, 48 estados ya habían aprobado las leyes de acoso a los cazadores. La ley de Connecticut, que había sido volcado a nivel constitucional, ha sido redactada nuevamente y defendida en State v.Ball,226 Conn.265 (1993). La constitución de Montana fue defendida por la suprema corte de aquel estado, State v. Lilburn,875 P.2d 1036 (Mont.1994), pero la Suprema Corte de Idaho derribó la ley de acso a los cazadores de Idaho, State v. Casey, 876 P.2d 138 (Idaho 1994) Ver Montavalli (1994) La Recreational Hunting Safety and Preservation Act de 1994, Pub.L. N° 103-322, inserta en el “crime bill”, provee una pena de hasta 5.000 dólares por todo aquel que “intencionalmente se involucre en cualquier conducta física que significativamente obstaculice la caza legal” Cuando el contacto físico involucre violencia o amenaza de violencia, la multa es de 10.000 dólares.

  5. Church and State: Necessary sacrifice? The Economist, 14 de noviembre de 1992. sección Política mundial y Asuntos de Actualidad.

  6. Church of the Lukumi Babalu Aye, Inc., et al.v.City of Hialeah 61 U.S.L.W. 4587 (U.S. 1993).Ver también “Excerpts from Supreme Court Opinions on the Ritual Sacrifice of Animals,” The New York Times. 11 de junio de 1993, sección 1.

  7. Aunque la decisión de Hialeah fue unánime, tres jueces expresaron desacuerdo con la resolución de Smith (ver nota 7) En concurrente opinión, el Juez Blackmun, junto con el Juez O’connor ecribió:”Este caso no presenta, y por lo tanto declino de extenderlo, si la Cláusula de Libre Ejercicio requeriría una excepción religiosa de una ley que sinceramente persiguiera el objetivo de proteger los animales de un tratamiento cruel”

  8. Para un análisis de las tensiones entre feminismo y liberalismo cuando está involucrado el sexo ver Leidholdt y Raymond (1990)

  9. El caso de Hialeah es otro ejemplo de alianzas mixtas: ACLUy varias organizaciones cristianas y judías estuvieron al lado de la Iglesia de Lukumi Babalu Aye en apoyo de los sacrificios de animales como expresión religiosa. Predeciblemente, muchas organizaciones de bienestar y de derechos animales estuvieron de parte de la ciudad de Hialeah, El posterior, como notó la Suprema Corte no sólo consideró la matanza de animales por caza, pesca y comida como necesaria, sino que ni siquiera consideró el uso de conejos vivos para entrenar a los galgos para las carreras como crueldad con los animales.

  10. Para una crítica de la oposición a la legislación antipornográfica, ver Mac Kinnon (1990).

  11. Este punto es hecho con frecuencia en los escritos de Mac Kinnon.

  12. Ver Bass (1992) y nota 8 para una actualización de la ley de Connecticut.

  13. Radio Pública Nacional, Morning Edition, 3 de diciembre de 1992.

  14. Una bandera en llamas también involucra acción, pero aun así es protegida por el discurso. Doy crédito a Josephine Donovan por esta observación, que es considerada al final de esta sección.

  15. Los activistas por los derechos animales son habitualmente ridiculizados como “los amantes de Bambi” o los “bunny huggers” cuando la objeción es proteger la práctica de matar animales por deporte o comida.Los adjetivos significan decir que los activistas son excesivamente emocionales y que errónemanete anotropomorfizan a los animales. Por otro lado, cuando el tema es la experimentación animal, el epíteto de elección es “terroristas”. el término “terrorista” recibió sanción oficial por parte de la entonces Secretaria de Salud y servicios humanos Louis Sullivan, quien lo usó la víspera de la histórica marcha por los Animales en Washington D.C., en junio de 1990. Esta caracterización inspiró a un prominente líder de los derechos animales a decir con sarcasmo:”Solíamos ser pequeñas señoras de edad con zapatillas de tenis, ahora nos convertimos en terroristas”

  16. Esta es la explicación oficial para justificar estos cursos.Los defensores de los animales hicieron cargos contra estos cursos en el sentido de que eran usados para reclutar chicos para actividades del tipo de la caza y el entrampado.

  17. La discusión en este parágrafo ha sido influida y sigue de cerca los argumentos presentados por el profesor de lla Universidad de Chicago Cass Sunstein en un seminario sobre Pornografía y la Primera Enmienda dado el 14 de abril de 1993 en la Universidad de Michigan. Para una exposición detallada, ver Sunstein (1993b)

  18. Para la historia detallada y el análisis del código de la Universidad de Wisconsin’s a la luz de las recientes decisiones de la corte, ver Siegel (1993)

  19. El caso contra los protestadores de la caza que pacíficamente siguieron a los cazadores en los bosques del área de recreación de Pinckney Sate, en Michigan, en octubre de 1992, fue desechado por un detalle técnico. El juez Bronson de la 14th Corte del Distrito encontró que los cazadores fueron interferidos y acosado, pero consideró que no estaban comprometidos en la prohibición de caza porque estaban presentes ilegalmente en los bosques antes de las horas de cierre del parte de las 8.00 a.m. a las 10:00 p.m. El fiscal argumentó que los cazadores estaban excentos de las restricciones de cierre, pero que el encargado asistente del parque, llamado por la defensa, testificó que no había tal exención escrita, y que las reglas del parque eran selectivamente exigidas a los no cazadores solamente.

  20. No tengo la intención de comparar la caza con el aborto aquí, sino sólo comparar cómo las mujeres y los cazadores pasan bajo la ley cuando se enfrentan con los protestantes de sus actividades. Había dos posibles interpretaciones de la decisión de la Suprema Corte en Bray v. Alexandria Women’s Health Clinic, 113 S.Ct.753 ( U.S. 1992 ): una fue que la ley de derechos federales civiles no se usaban para proteger las clínicas abortistas contra los protestadores que ilegalmente bloqueaban los accesos ( Shatz 1993); la otra fue que las leyes federales de derechos civiles podrían usarse de esta manera, siempre y cuando se mantuviera el criterio de comprobación [Pines 1993] La escena cambió drásticamente en 1994, cuando dos médicos que practicaban abortos fueron asesinados por los antiabortistas: la Suprema Corte sostuvo que el acta federal: Racketeer-Influenced and Corrupt Organizations (RICO) podría usarse contra los antiabortistas u organizaciones pro-vida que conspiraran para cerrar las clínicas, National Organization for Women v.Scheidler 114S.Ct.798 (1994) y el Congreso aprobó extensa legislación para proteger las clínicas abortistas, Freedom of Access to Clinic Entrances Act, 18 U.S.C.S. Sec.248 (1994).

  21. Una persona sin techo ” viviendo en el sistema de refugio” de Ann Arbor, como lo describió, me dijo en la muestra anual de comida vegana de Washtenaw Citizens for Animal Rights ( Marzo 1993) que varias personas que eran vegetarianas por motivos religiosos encontraron que no había mucho que pudieran comer ahí.

  22. “US Censored News of Pilots’ Pre-raid Porno Movies,” The Reuter Library Report, 26 de enero de 1991.

  23. Acta de derechos civiles de Elliott-Larsen, artículo 1. Mich. Comp. Laws Ann sec. 37.2103 (Oeste 1985)

  24. “Canada’s High Court Upholds Anti-pornography Law”, The Atlanta Journal and Constitution, 28 de febrero de 1992, sección de notas extranjeras.

29.Lois Forer documentó, desde su experiencia como juez, que las mujeres, los niños y los ancianos no eran tratados equitativamente en las cortes. Ver Forer (1991).

  1. Mich. Comp. Leyes Ann. Sec.300.262a (West Supp.1992).

  2. Mich. Comp. Laws Ann.Sec.750.520L (West 1991)

  3. Por paralelismo en la objetificación de mujeres y animales, ver Adams (1990)

  4. La ACLU cambió su posición considerando la definición de acoso sexual. No requiere más que el comportamiento de acoso sea dirigido hacia un individuo particular (Gailey 1993)

  5. En Animal Legal Defense Fund v. Secretary of Agriculture, 813 F. Supp. 882 (D,D,C, 1993) la Fundación para la Defensa Animal ganó su caso contra la USDA en la cuestión de la falla de USDA de impulsar los requerimienos de ejercicio para los perros y de enriquecimiento ambiental para los primates. Un año más tarde, esta decisión fue derribada, Animal Legal Defense Fund, Inc v. Espy, 29 F.3d 720 (D.C. Cir.1994. Ver “ALDF compele a USDA a proteger a los animales en laboratorio” The Animals’ Advocate, Septiembre, 1993; y Appeals Court Reverses Key Decisions” The Animals’ Advocate. Otoño 1994.

  6. España tiene ahora su primera mujer torera (Hayley 1993)

  7. La observación basada en mi monitoreo en curso de la experimentación animal en la Universidad de Michigan de los documentos obtenidos a través del Acta de Libertad de Información.

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