Ecoparque: la transformación y los oficios del consenso

derecho animal

El Subsecretario de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Gonzalo Pascual, acaba de presentar el proyecto para el Ecoparque porteño, en un plan que se extenderá hasta el año 2023 y demandará unos 60 millones de dólares.

No se pronuncia, dice, a nivel personal, al no ser su función –aunque sí lo hizo al comentar que al principio pensaba que había que dejar todo más o menos igual, mejorando los recintos del ex‑zoológico–. Acorde a la línea gubernamental, despliega el resultado de trabajos coordinados por los que saben, al estilo de un team leader, mostrando con satisfacción el consenso logrado entre querían cerrarlo y quienes querían sólo mejorarlo. Muestra cómo varias encuestas incidieron en la concepción del proyecto, dando lugar a las normas que organizarán especialmente este parque ecológico, pues los flujos de educación a los que apunta tienen que ver con el paradigma que se pretende salvaguardar. Algo que excede lo que también harán: mantener animales no humanos encerrados. Porque no se puede fácilmente sacar a los exóticos, porque algunos tienen incuestionable valor en momentos de extinciones masivas, porque los pilares de la transformación son la conservación, el bienestar animal, la educación y el patrimonio histórico.

Llama la atención el aura de asepsia ideológica que le exige al abogado la remisión a la autoridad científica, representada en Rodrigo Fariña, quien le acompaña en la presentación realizada en la Academia Nacional [1]… me recuerda el Informe para la Academia. Pero la diferencia con el relato kafkiano no es menor: el simio no sólo no habla sino que su voz –ni la de los animales no humanos en general–no está representada.

Fariña –ex Director de Conservación de Aves Argentinas– es quien enseña el rol de la institución zoológica en  tiempos de extinciones masivas, aunando el papel de los animales que alberga con un elemento que considera fundamental: la presencia de personal con expertis. También escrito como expertise, el anglicismo remite a la experiencia y la pericia, y se ha puesto de moda en el mundo empresarial argentino. Así, el biólogo declara que:

…se convierte en una oportunidad, y ahí es donde ese zoológico victoriano… […]… se transforma, se debe transformar, en un centro de conservación aplicada, no solo desde lo educativo, sino también desde las diferentes expertise que tiene este personal para poder aportar, tanto ex situ o sea, dentro del predio, como in situ, en la naturaleza, donde las especies amenazadas están sufriendo sus amenazas.

Diría yo que lo que sufren son nuestros ataques.

Como se sabe, el conservacionismo se lleva muy bien con el bienestarismo legal. La especie amenazada, en peligro, demanda nuestra ayuda para defenderla de los estragos provocados por los que no cuidan los recursos que se nos acaban. Es muy clara la posición de Fariña, acorde con la voz oficial del Gobierno. [2] Aclara incluso que es porque se ha perdido la conexión con la naturaleza que “se genera una percepción diferente respecto del sufrimiento animal, creciendo mucho la sensibilidad por el animal y tendiéndose a humanizarlo”. En otras palabras: no es que infravaloramos sus vidas o desconocemos/minimizamos su sufrimiento, sino que nos volvimos demasiado sensibles y creemos que quienes tienen estructuras cerebrales, comportamiento e intención como los humanos pueden sentir en ese nivel que nos demandaría no dañarlos en absoluto, como se difunde por ahí. Agrego brevemente –porque no hace al objetivo de este artículo– que considero que negarles agencia a los otros animales es desempoderarlos, impidiendo la mirada del respeto y propiciando el asistencialismo como forma de intervención en donde nada se cambia.[3]

Este manto de apaciguamiento propio del management ecológico llega en forma de “manejo controlado” de los exóticos que permanecerán en el predio, en el único sector con acceso pago. El lugar funcionará como paseo en medio del verde, edificios históricos perfectamente conservados, con acceso libre a los lugares donde se pagará por ciertos servicios y polos de enseñanza, todo junto a ejemplares de fauna autóctona “semilibre” –evolución de la terminología esclava para el siglo XXI, que significa manejo de prisioneros sin barrotes. La idea de Fariña es que el individuo en exposición servirá para enseñar/aprender acerca de los “temas ecológicos importantes”. El proyecto se completa con un ecomercado a emplazarse en el edificio cercano a la calle República de la India.

Gonzalo Pascual da cuenta de que los vecinos querían una transformación más fuerte que la que él hubiera hecho, especialmente los de la Comunica 14. Los defensores de los animales también. Sonríe al mencionar que hasta hubo un fallo declarando, a la orangutana Sandra, persona no humana. No aclara que el daño que se le hizo es insalvable, pero aclara que no depende de ellos, dice, porque está judicializada. Con las obras edilicias comenzadas y con muchos animales que murieron desde que se cerró el zoológico en el 2016, el proyecto había sido criticado el año pasado por diferentes asociaciones ambientalistas que querían priorizar el aquí y ahora del bienestar animal y la conservación.[4]

Más allá de este plan presentado en sociedad, es interesante rescatar la permanencia de las estructuras antropocéntricas que lo sustentan. La presión ejercida por agrupaciones como Sinzoo y diferentes grupos de presión generó variadas posiciones, debido en parte a cuestiones relacionadas con el emisor y el tratamiento de los medios de comunicación, y también con los receptores de esas campañas. Pero la continuación de los centros de exhibición bajo otro nombre, apelando al mejoramiento de las condiciones de uso de los animales en general y a la conservación de los recursos está acorde con la legislación vigente en materia ambiental y animal y a la actual relación que mantenemos con los otros animales. Se inscribe en un discurso que recurre a la construcción de una sociedad compasiva, donde también los explotadores  tienen que adaptarse a esta demanda, lo cual harán sin perder ganancias. La optimización del rendimiento precisa conjugarse con la “tradición de uso”, como creo que es oportuno llamar al modelo de sometimiento y opresión animal, ahora que se insiste tanto en mantener “las tradiciones”. Las medidas de bienestar animal se anuncian –debe ser destacado–  como producto de la medición fisiológica y la investigación en comportamiento animal. Se recalca su carácter de evidencia científica. Se concluye de ello que, si en libertad tienen que buscar su comida, hagamos las cosas bien escondiéndosela para que no caiga en las típicas zoocosis del aburrimiento. El hálito de bondad de estas medidas, entonces no se condice con la compasión emocional producto de la irracionalidad del proteccionismo “urbano” que “se alejó de la naturaleza” y las matanzas “campestres”, y no– como más bien podemos pensar–, se acercó al respeto por los otros animales vulnerables distanciándose de la  mirada apropiadora. Es una bondad compasiva donde no se cuestiona la injusticia de lo que sucede.

Así que el Ecoparque, caro proyecto en camino, dejarà atrás la exhibición paga pero descuidada, convirtiéndose en una vidriera del “bienestar” animal y de la educación ambiental para el cuidado de la biodiversidad y el fomento del desarrollo sustentable.

Notas

[1] Sesión abierta del Instituto de Política Ambiental de la ANCMYP: “El futuro de los zoológicos – el caso de Buenos Aires”, a cargo del Subsecretario del Ministerio de Modernización, Innovación y Tecnología de la Ciudad, Gonzalo Pascual, responsable del Proyecto Ecoparque.

[2] En el sitio web del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se lee: “El Proyecto Ecoparque tiene como principal objetivo contribuir a la conservación de la biodiversidad, la promoción de la educación ambiental y al fomento de la innovación para el desarrollo sustentable.” Recuperado de http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/ecoparque-un-proyecto-en-favor-de-la-conservacion-de-la-biodiversidad al 10-4-2018.

[3] Donalson y Kymlicka proponen desanclar el concepto de agencia de los puertos kantianos, para atribuirles una agencia a los animales no humanos y permitirles así una ciudadanía a los domésticos. [Zoopolis, A Political Theory of Animal Rights, Donalson, Sue y Kymlicka, Will, Oxford University  Press, 2011] Kymlicka advierte de los peligros de la traducción de esa agencia en el lenguaje humano, pero lo cree posible, y especialmente sería de aplicación para una reforma legal que propone, cual es la de incluir a los animales domésticos en categorías legales como las de “trabajadores” o “miembros de la familia”, aunque no sean considerados legalmente personas [Social Membership: Animal Law Beyond the Poperty/Personhood Impasse.] Entiendo que la intencionalidad y la presencia de ese drive que es respuesta –y no reacción–, ofrecería un específico panorama para comprender no sólo a los miembros de una especie en general sino también a los individuos en particular, estableciendo otra mirada con la animalidad y evitando la inevitable deformación que supondría traducir la agencia de quien depende de otro para sobrevivir, y lo sabe.

[4] Hagelstrom, Josefina, “Cuestionan que en el Ecoparque hoy se prioriza más lo estético que a los animales”, Perfil, 21/5/17. Recuperado de: http://www.perfil.com/noticias/sociedad/cuestionan-que-en-el-ecoparque-hoy-se-prioriza-mas-lo-estetico-que-a-los-animales.phtml, el 12/5/18.

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