El Malestar Animal en Argentina

A propósito del programa televisivo La Cornisa, del 21 de marzo de 2004.

5-4-04

El otoño comenzó en Buenos Aires con la explosión de un asunto que estaba circulando subterráneamente con gran fuerza en el circuito informático y con alguna que otra nota mediática. En el programa La Cornisa, conducido por Luis Majul, emisión del 21 de marzo por el canal de aire 2, América, se mostró cómo el Municipio de Ushuaia captura y mata perros en situación de calle, primero con cámaras de gas –hace unos años- y luego con inyección letal, convenientemente validada por previa ordenanza. Jaulas espeluznantes, perras en celo para atraerlos, una auténtica caza de brujas.

En estudio, sentados a la mesa, de un lado Héctor A. Stefani, Secretario de Gobierno de Ushuaia. A su lado Leopoldo Estol, creador de la cátedra de Bienestar Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad del Salvador, un veterinario despreciado por el proteccionismo argentino, predominantemente no-eutanásico. Del otro lado, el veterinario- concejal Juan Enrique Romero, conocido en los medios por su simpático micro televisivo, donde los criadores de perros exponen las bondades de los perros que crían. Lila Paulide completaba la mesa, por el grupo proteccionista Sensibilidad. Como telón de fondo, un conjunto de proteccionistas con pancartas: “Garramuño asesino, fuera WSPA, Ushuaia nazi.” Aludían, respectivamente, al ingeniero Jorge Garramuño, intendente de Ushuaia, a la WSPA, siglas en inglés de la Sociedad Mundial Protectora de Animales, alineada en el Bienestar Animal según consta en su propia Declaración del Bienestar Animal, traída a Argentina de la mano de sus pares, y al exterminio nazi. Por cierto, los tres peores asesinos entre los SS –K.Franz, A.Miete y W.Mentz- tenían gran experiencia previa en la explotación y muerte de animales.

Entre las imágenes de los cachorros muertos que funcionarios del municipio de Ushuaia tiraban a un basural desde una camioneta, la denuncia de Roxana Vélez, representante de la Asociación Reino Animal Fueguino, y el testimonio de una mujer que, entre lágrimas, relataba cómo “la perrera” le había matado un perro a quien quería como a un hijo, los televidentes pudieron, por lo menos, absorber ciertos mensajes precisos, a través de algunas frases contundentes. Veamos.

Leopoldo Estol: «Para mí, ante la muerte, todos los animales son iguales». Sí, los mata. Su postura establece que como no son máquinas, hay que matarlos bien para que sufran lo menos posible, pero que hay que usarlos y matarlos porque son cosas de uso humano.

Héctor Stefani: «No asesinamos. Los matamos.» Qué alivio. Matan, no asesinan.

Romero:» Los perros son una cosa y los animales para consumo otra. Bueno, bueno, en esta cultura por lo menos…» Y luego ataca a Estol diciéndole que matar es contrario al catolicismo, y que no sabe cómo Estol puede ser capaz de hablar así estando en una universidad católica como el Salvador. Aludía al no matarás. A los perros, y en esta cultura. De este tema no es el momento para hablar.

Lila Paulide: la WSPA mata, acá lo dice, este folleto es de la WSPA, acá dice cómo hay que matarlos.” La WSPA en realidad no hace más que ajustarse a su Declaración del Bienestar Animal, artículo 6, inc. e): “Los médicos veterinarios u otras personas por ellos calificadas deben ser autorizadas a destruir humanitariamente a aquéllos animales de compañía que han sido abandonados y no pueden ser reubicados en hogares o provistos con el cuidado adecuado para asegurar su bienestar.” El resto de la Declaración da cuenta de cómo debe experimentarse y matar a los animales para consumo teniendo en cuenta su “bienestar”. Hay que destruirlos con compasión.

La sensación general era la de una contienda entre Estol y Romero. Definitivamente ganó Romero. Stefani luchaba a su vez con Lila, quien repetía una y otra vez que eran nazis, y que como sobre el final del programa no respetó el cierre que pertenecía a un Stefani ya con un ojo desviado tal vez por la presión del momento, se ganó una dura reprimenda de Majul. Se podría defender el tema desde una montaña muy alta de argumentos –aunque difícilmente se pueda utilizarlos en un programa de factura rápida como éste-, pero… ¿quién hubiera podido escuchar impávidamente tanto antropocentrismo concentrado, tanto manejo del poder para disponer de la vida de quienes estamos tratando de defender?

El tiempo de la nota fue breve pero denso. Lila Paulide alcanzó a mencionar todos los intereses económicos que se mueven en el tema, como la posición corporativa de los Colegios de Veterinarios que también son eutanásicos y se oponen a un servicio veterinario público. No se dijo que no sólo en Ushuaia matan, sino que también y desde tiempo inmemorial lo hacen en Mar del Plata y otros municipios del país.

La tergiversación por el lenguaje estuvo presente como siempre, aunque podría haber sido peor si, por ejemplo, y como suele hacer, Estol hubiera citado a Gandhi en su famosa frase acerca de que el grado de civilización de una sociedad se mide por cómo trata a sus animales. Porque claro, Gandhi propiciaba el vegetarianismo y la no violencia y es cita habitual de la postura de los Derechos Animales y no la del Bienestar Animal. Y es una pena que de entrada no haya reproducido verbalmente su propia letra: “Es aconsejable y se prefiere hablar de BA (Bienestar Animal) en lugar de hacerlo sobre los «Derechos del Animal’ ya que, filosóficamente, este término en español está sujeto a controversias aún no dilucidadas. Se considera que el animal no está, básicamente, libre de la intervención del hombre en forma absoluta y que este lo usa normalmente. La posición a la cual adhiero personalmente, señala que esta intervención se puede hacer en forma responsable y para propósitos establecidos: comida, ropa, compañía, investigación, etc.”[http://www.aamefe.org.ar/bienestar.html]
Las controversias aún no dilucidadas entiendo se deberá a que en tiempos de esa escritura, Estol no conocía sobre el tema. Increíblemente, dice luego que:“...Cuando en forma cotidiana se le otorga al animal de la casa el “derecho” de dormir con el dueño, comer en la mesa, etc. No es difícil entender por qué para esas personas sea fácil extender esos “derechos” a todos los demás animales.” Pero qué cosa, sabemos que un cerdo por ejemplo es más inteligente y tan sintiente como un perro pero no creemos que nadie con un perro como animal de compañía esté pensando en que los cerdos tengan interés en dormir en una cama con humanos, ¿o se estaría refiriendo a un elefante? ¿Sabrá que muchos defensores de los Derechos Animales –así con mayúsculas para diferenciarlo de las bastardización que el bienestar animal hace del término- está en las ideas de quienes no tienen ni siquiera interés en tener un perro? Tal vez, en esta frase que sigue esté el motor de su lucha: “Como profesionales de la medicina veterinaria, en muchos países somos considerados como única autoridad en el cuidado y el bienestar de los animales”. Y él lucha para que acá pase lo mismo. En una párrafo para alertarse, dice sobre el final del texto: “Debemos intentar que nuestra actividad profesional nos llene de la confianza que la sociedad tiene en quien es y será quizás no el único, pero si el ideal y el natural abogado del reino animal.” Claro, los animales no pueden elegir quién los defienda. Pero esta frase es paradigmática: en el reino animal los gritos ya no pueden soterrarse y el representante del bienestar animal se ha infiltrado como aliado de los rebeldes en la granja, para que los animales nunca puedan liberarse de la explotación de la humanidad.
Primeras conclusiones.
¿Quiénes son estos seres capaces de postularse entre los mejores compañeros de los seres humanos? Seres capaces de gozar y sufrir, como cualquiera. Seres sintientes. Darles un trato AMABLE significa generar un entorno pacífico y equilibrado para TODOS. Si generamos violencia la recibimos por otro lado. Porque matar no sólo le quita al animal su bien más preciado, la vida, sino que también hace mal a quien mata. ¿Hace mal matar o están mal los que quieren matar? Ambas son las dos caras de una misma moneda.

Es necesario que apoyemos a quienes sustentan posturas éticas, ecológicas, y planes de protección integrales pro-derechos animales. Los perros en situación de calle son perros sin nombre, pero todos pasibles de tener uno. Por lo demás, ellos saben muy bien quién es quién, se conocen, se interrelacionan, sufren, tienen miedo, intereses propios, ganas de seguir viviendo. Son inocentes, en el sentido más amplio de la palabra. La persecución, la amenaza, la muerte y el castigo violento son medios incapaces de construir una sociedad saludable en la que TODOS podamos vivir felices. La solución es la esterilización masiva, extendida y gratuita a través de un servicio comunitario –al que los colegios veterinarios se oponen equivocadamente, en connivencia con grupos de pseudoprotección animal y funcionarios corruptos y/o indiferentes-, JUNTO a programas de adopción, penalización del abandono, educación para el sostenimiento de por vida, respaldado por instrumentos legales y con la restricción severa de la cría de perros y gatos de raza, que se venden como objetos en los negocios y grandes centros comerciales, cual artefactos inanimados, incrementando también la superpoblación animal.

Segundas conclusiones.
Habrá que estudiar bastante a quién se va a elegir como abogado defensor de los sin voz. Porque Bienestar animal, como postura ideológica y acción programática, se traduce como Malestar para los animales no humanos. Y es una postura muy distinta de la de los Derechos Animales, que no considera a los animales no humanos como objetos de consumo humano. La opinión pública no se merece que la sigan manipulando. Los animales están gritando y hay que empezar a escucharlos a ellos. Porque como escribió Henry Salt en 1892:»…el objetivo de nuestra cruzada no debería ser tanto el de transformar a nuestros oponentes (quienes por las incapacidades y limitaciones de sus facultades, nunca pueden ser realmente transformados), como el de convertir el confuso problema en algo claro, y por lo menos distinguir sin error a nuestros enemigos de nuestros aliados».

Uno mi voz a todo el proteccionismo argentino no-«eutanásico» y hago un llamamiento hacia una modo de vida que libere a los animales de toda explotación.

 

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