La inseguridad de lo seguro

10-8-09

Es usual que sustancias que integran distintos componentes, muy especialmente medicamentos, sean retirados del mercado por hallarse un alto riesgo en su uso, incluyendo la mortalidad.

En estos días, le toca el turno a la N,N-Dietil-meta-toluamida (deet), usada por unos 200 millones de personas en todo el mundo, desde hace décadas, para repeler insectos, especialmente mosquitos, pulgas y garrapatas. La publicación del estudio es provisional-PDF-.

El Instituto de Investigación para el Desarrollo en Montpellier y la Universidad de Angers, en Francia, advierten que en estudios recientes aparece la posibilidad de que esta sustancia –registrada para uso público desde 1957 después de haber sido desarrollada por el ejército estadounidense para ser usada contra los insectos en la Segunda Guerra Mundial–, sea tóxica para el sistema nervioso central. Su efecto sería similar al del peligroso gas sarín. Estaría especialmente cuestionada en relación con la combinación con otros químicos, por ejemplo, el carbamato de los insecticidas comunes, caso en que aumentaría más su toxicidad. Desde el Centro Nacional de Información de Pesticidas de EE.UU. se informa que los estudios deben seguir realizándose porque no son “seguros”. Lo mismo afirma Brian Greenwood, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, en el Reino Unido, quien dijo que «los hallazgos en estudios con animales no siempre se corresponden con lo que sucedería en el caso de los seres humanos».

Es decir: se prueban en animales para autorizar el uso humano. Y cuando el efecto tóxico se estudia o la gente se enferma y muere por ellos, es un problema para “seguir estudiando”, porque “se sabe” que las pruebas en no humanos no son seguras, excepto para jugar a una ruleta rusa cuyos resultados dependerán de que los daños sean más o menos evidentes y los arreglos prejudiciales más o menos necesarios.

Mientras tanto la gente se aplica sustancias tóxicas a diario, y a todos los animales humanos y no humanos nos alcanzan las fumigaciones «seguras» que recorren el campo y la ciudad.

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