Lo más importante de la vida

Hace poco, caminando entre animales, recordé una historia de ésas que enlistan entre los llamados cuentos zen, en la que el discípulo le preguntaba al maestro cuáles eran las cosas más importantes de la vida.

― Las cosas que no pueden comprarse ―respondió el maestro.

― ¡Ah! ¿Se trata entonces de las cosas que son gratis?

Después de un largo silencio, el maestro dijo:

― No, no me refería a las cosas que pueden obtenerse sin dinero, sino a las que no pueden obtenerse con él.

Cierto es que este cuento podría considerarse como una sugerencia de aceptación de la pobreza y como un consuelo ante las desigualdades e injusticias sociales, pero lo estoy tomando ahora con un alcance bien diferente.

Lo más valioso es algo que los otros animales, sensibles y conectados sin distracciones con lo más valioso de la vida, nunca dejan de valorar. Ellos pueden enseñarnos a apreciar la vida misma, pues habitan en la morada de lo más importante, que nunca abandonarán.

Por eso somos abolicionistas: sabemos que el deseo más fuerte de todo ser sintiente es seguir viviendo.

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