Los “avances” de la ciencia

1520666_785009884848380_1227903256_nRelacionado con el artículo “Derechos animales, ciencia y vivisección” que publiqué el 30 de marzo pasado, se da a conocer ahora en los medios un buen ejemplo para reflexionar acerca de los “avances” de la ciencia.

Hasta hoy, una mujer recibía un diagnóstico de cáncer de mama y una propuesta de “ataque” al mismo para “combatirlo”. Todas las mujeres eran/son así tratadas, partiendo de la base de que la ciencia médica ha logrado “avanzar” lo suficiente como entender la enfermedad, siendo catalogadas como mujeres con cáncer de mama y tratadas en consecuencia con fármacos probados en animales. Miles de millones de dólares invertidos en esta dirección. Muchos de ellos hicieron nacer drogas que se recetaron ampliamente, como el tamoxifeno. Estudiado en las ratas, producía cáncer en altas dosis aunque era antiestrogénico en dosis bajas. En las mujeres estimulaba la ovulación y se consideró que serviría para que las mujeres con riesgo de padecer cáncer de mama pudieran obtener beneficios. Sin embargo, se sabía que producía cáncer de hígado en las ratas pero no en los ratones. Los médicos comenzaron rápidamente a recetarlo, disparando un mercado de 7 mil millones de dólares sólo en los EE.UU. Ya administrado a las mujeres, en un estudio a largo plazo comenzó a verse que no aportaba ninguna utilidad. Los estudios clínicos posteriores consideraron que aumentaba el riesgo de cáncer de útero en las pacientes tratadas con esa droga por cáncer de mama. Un estudio escocés reveló mayor riesgo de trombo embolismo en mujeres que lo tomaron durante 14 años. El fallo hepático y la agranulocitosis estaban dentro de los casos encontrados tras tomar la droga. Posteriormente se lo relacionó con cáncer gastrointestinal.

Ahora, cuando la óptica apunta a esos genes que la moderna tecnología ha subido al podio de los acusados, la perspectiva cambia porque “se ha descubierto” que hay diez tipos de diferentes de cáncer de mama, [1] al punto de que se habla ahora de diez tipos diferentes de enfermedad. Sin embargo, desde otra perspectiva, podríamos decir que no hay una enfermedad que tratar sino una persona enferma que manifiesta síntomas de una u otra manera. Pero esta óptica no es la de la ciencia oficial, la cual enfila a la obtención de fármacos y terapias cuyo objetivo es “atacar” la enfermedad. Esta noción es la que la ciencia médica oficial ha instalado en el consenso social. Por eso la gente “se beneficiará” debido a que pronto estos estudios estarán a disposición de “todo el mundo”, en un esfuerzo por impulsar el descubrimiento y desarrollo de medicamentos. [2]

Pero los descubrimientos de hoy son más importantes, increíbles: parece que el sistema inmunitario reconoce el tumor sólo en un caso y trata de disolverlo. Lilian Jara, genetista del Conac, dice: “Esto cambia el paradigma.” [3] La manera de tratar el tema cambia porque  estos nuevos estudios han sacado las células del microscopio para llevarlas a los campos del análisis a nivel molecular, donde el lenguaje ya no es el de receptores de estrógeno sino de oncogenes y de genes que luchan para salvarnos de la enfermedad. ¿Mis genes no soy yo misma? ¿Mis genes son algo material separado de mí ¿ ¿Qué soy yo entonces? ¿No es esta dicotomía entre mente y cuerpo propia de un lenguaje cartesiano?

Un estudio hecho por el Instituto de Métrica y Evaluación de la Salud de Estados Unidos, el año pasado, señaló que los casos globales de cáncer de mama aumentaron más del doble en sólo tres décadas, “ritmo que excede al del crecimiento poblacional mundial.” [4] Me pregunto cuántas mujeres se beneficiarían introduciendo la ética en su plato al dejar de comer productos animales. Se beneficiarían antes de cambiar de dieta, porque implicaría un cambio en su manera de sentir y pensar respecto de quienes son hoy sus víctimas directas o indirectas. En este sentido recomiendo encarecidamente leer y divulgar: El peor aspecto de la explotación láctea. Pero por favor que nadie piense que logrará generar empatía por quienes sufren estando «sanos» o siendo enfermados por los viviseccionistas en los laboratorios de experimentación, a través de instalar el tema de los beneficios para la salud que se obtienen al dejar de ingerir los cuerpos y las secreciones de los otros animales cuando se adopta el veganismo. Por un lado, porque ningún padecimiento, con o sin síntomas físicos asociados, es monocausal. Y por el lado fundamental, porque los animales no humanos sólo van a salvarse si disolvemos ese otro paradigma que hoy los esclaviza y que dictamina que a ellos y a ellas sólo les interesa “no sufrir.” Algo que, de todos modos, no tendrán mientras los usemos como materiales de uso y mientras sigamos enganándonos con la falsa idea de que a los animales no humanos no les importa seguir viviendo.

Notas

[1] [2] [3] Publicado en: http://diario.latercera.com/2012/04/20/01/contenido/tendencias/16-106741-9-cientificos-descubren-que-cancer-de-mama-se-comporta-como-10-enfermedades.shtml, el 20-4-2012

[4] Publicado en: http://www.elfinanciero.com.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=15701&Itemid=26, el 18-4-2012.

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