Los perros son como niños (pero cuando conviene)

23-3-07

Defender la causa de los derechos animales nos enfrenta a menudo con el absurdo existencialista. Hay que pensar en dividir la cabeza en compartimentos estancos y controlar el corazón para resistirlo y rechazarlo.

Tomemos la especie canina y recopilemos las últimas noticias en Argentina.

La posesión de compañeros no humanos genera la necesidad de darles una vida decente y sacarlos a dar algo más que la «vuelta al perro», función desarrollada en forma profesional y muy rentable. Porque los perros, dice una paseadora porteña “… en cierta medida son como los niños. Hay que estar muy pendiente de ellos» [1] Esto bien entendido significa fundamentalmente que dependen de nosotros, que son sensibles y emotivos y que necesitan ser cuidados y protegidos por los adultos. Pero como estos niños pueden ser objeto de propiedad de cualquier dueño, no significa que no pueden ser explotados para diversión, comida, experimentación y vestimenta. Todo depende de dónde le haya tocado nacer al niño y de quién dependa su destino.

A unos 26 kilómetros de Ushuaia hay 10 criaderos de perros para fines comerciales. En años de turismo intensivo, se hacen famosos los “niños” trabajadores, obligados a  “ganarse la vida” paseando turistas en trineo o a participar como competidores en distintos tipos de carrera.[2] Sí, cerca de esa misma ciudad famosa por las masacres de perros sin hogar. [3] Una ley provincial, a la que todavía el Municipio de Ushuaia no se adhiere, prohibió las matanzas para control poblacional, habituales en numerosos municipios de Argentina. ¿Se puede matar a quienes sabemos que son “como niños”? Sí. Es posible cuestionar su derecho a seguir viviendo, en el caso de no tener un “padre” que los adopte. En la calle algunos niños son un problema de sobrepoblación y de zoonosis.

Muy distinta es la historia de un perro con suerte, el cual puede llegar a ser vestido con un Margoff, indumentaria argentina de alta costura para “mascotas”, brillante idea de una veterinaria que llegó con su empresa a Tinkerbell, el perro de Paris Hilton. Hay de todo, desde batas de baño hasta impermeables. Y por supuesto, prendas y accesorios de esclavizadas ovejas y vacas (lana y cuero). [4] Estoy segura de que si a Paris se lo ocurriera tener 100 perros, ningún psicólogo la trataría por el hoy llamado síntoma de Diógenes, aplicado a aquellas personas que entran cantidad de perros a sus casas y que no están luego en condiciones de mantener. Por suerte y por desgracia para la industria indumentaria mascotera, parece que los gatos no aceptan cubrirse con telas.

Mientras tanto, en Argentina, el negocio de la venta de perros de raza da para exportar una cantidad considerable. No solo venden los criaderos que cada vez tienen más puntos accesorios de venta, sino también los particulares, porque cómo no van a hacerle tener niños a sus niñas, sea porque se los revende o porque: “no los vendo ¿eh?, los regalo”, respuesta común en quienes dejan claro que no comercian con los perros que compran o que tal vez también a ellos les regalaron.

Una visión holística de la problemática animal no humana es la única que puede traer un poco de coherencia a la lucha por la protección y los derechos animales. Y esta visión es tan sencilla como difícil su aceptación: la solución es dejar de consumirlos, vivos o muertos, en todo o en parte. Necesitamos ayudar a los sin hogar que están hoy en este mundo bregando a diario por disolver la idea de que nos pertencen. De lo contrario, seremos amantes de los perros, o de los gatos, pero no defensores de los derechos animales. Ni siquiera de los derechos de los perros o los gatos.

Notas

[1] Pasear perros, buen negocio en Argentina. Univision, 19.3.07. Disponible en: http://www.univision.com/content/content.jhtml?chid=3&schid=0&secid=181&cid=1118287
[2] Sobre un oficio de perros, La Nación, 19-3-07. Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/espectaculos/nota.asp?nota_id=892587
[3] Ver El malestar Animal en Argentina, mayo de 2004. Disponible en:
http://theantipode.com/annyaboglio/?p=359
[4] Una propuesta de alta costura para los perros y los gatos. La Nación, 12-3-07. Pág.6, Sección 2.

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