Podés hacer algo hoy mismo

Cuando una persona o una organización exponen el sufrimiento padecido por los animales no humanos –tomaré ahora el ejemplo de los animales usados para comida–, teniendo en cuenta que esto sucede en una sociedad acostumbrada a utilizarlos bajo un aval moral institucionalizado, pueden suceder principalmente dos cosas.

La primera, que el receptor del mensaje sea indiferente o incluso que reaccione a la defensiva ante alguien que se preocupa por lo que les hacemos a los no humanos. Lo dejamos pasar, al menos por el momento.

La segunda, que sí le interese. En este caso, el mensaje al receptarse puede interpretarse, a su vez, de dos maneras diferentes.

La primera sucede cuando,  junto con la exposición de la crueldad y el sufrimiento, explicamos porqué no deberíamos usarlos y porqué ese sufrimiento y esa muerte derivan de un uso que es injustificable, incluso sin sufrimiento. Así, estaremos difundiendo las ideas abolicionistas de los derechos animales. Podemos referirnos entonces a porqué necesitamos otorgar derechos morales a los no humanos y, también, a qué significa discriminarlos arbitrariamente por el hecho de no pertenecer a la especie humana. El especismo es un concepto actualmente útil, pero si ahondamos aún más, podríamos reconsiderar el concepto mismo de “especie”, construcción social que responde a una clasificación basada en la biología. Éste es, al menos, el concepto preponderante. Pero podríamos redefinir el término con otros parámetros, con lo que no necesitaríamos luego situarnos en el “anti” especismo. Como este tema no es lo que me lleva a escribir estas líneas, continúo con la explicación de lo que pasa cuando nos quedamos en la sola exposición del sufrimiento.

La segunda manera de interpretarse el mensaje tiene lugar cuando sólo exponemos el sufrimiento de los animales en determinada forma de explotación. Así, el mensaje pasa a ser idéntico al de quienes no tienen ningún interés en darles derechos morales a los animales sino que, por el contrario, elaboran declaraciones y proyectos legales, arman cursos y gestionan comités de ética destinados a la regulación de la explotación animal  bajo el control de quienes se auto titulan como expertos conocedores de los animales. ¿Quién puede saber más del funcionamiento de un cuerpo animal que un científico viviseccionista o un veterinario especializado en “producción” animal? Llegado el caso, la gente puede estar tranquila. Le darán incluso la posibilidad de reclamar etiquetas que les aseguren una matanza realizada bajo normas de “bienestar.”

Entonces, cuando una persona o asociación declara que “Tú puedes hacer algo hoy mismo” por los “animales de producción”, y pide firmas para el reconocimiento de la necesidad de darles “bienestar”, tenemos que recordar que una ética para los derechos animales parte de la base de que los humanos no tenemos ningún derecho a convertirlos en bienes de uso. No hay animales «de producción.» Hay animales «producidos.» Deberíamos por lo tanto, y con urgencia, dejar de degradarlos, humillarlos e infravalorarlos. Deberíamos comprender que lo que nos enseñan a ponderar como una característica humana que nos haría “superiores” –la racionalidad–, no sólo está también presente en diferentes grados en muchos no humanos, sino que no es la única que podemos tomar, al final de cuentas, a la hora de hacer comparaciones inútiles. Pero me temo que saldremos perdiendo. La potencia de la voz de una cigarra podría destruir un muro. Nuestra nariz es analfabeta comparada con la de un perro. Y qué importancia puede tener cualquier comparación de este tipo a los efectos de incluirnos o incluirlos en el círculo de la consideración moral plena? Apropiarnos de los demás animales y traerlos al mundo para nuestro uso en este holocausto en su eterno retorno al que los sometemos es una injusticia de envergadura. Es un escándalo ético, como dije en una entrevista reciente. Ciertamente, si querés hacer algo hoy mismo, defendé el abolicionismo y el veganismo como práctica de justicia e igualdad.

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