Tecnología y explotación animal

27-5-10

Recientemente se conoció la noticia acerca de la fabricación de un organismo vivo. Esta “célula sintética”, como la llama su creador, Craig Venter, no proviene totalmente de materiales inertes sino que es un híbrido con la estructura de una bacteria y material genético artificial. Podría ser el inicio de la creación de bacterias específicamente “creadas” para salvarnos de los numerosos problemas que hoy afrontamos, incluyendo la contaminación ambiental. El equipo de Venter es también uno de los que estudian el genoma de la especie bovina, para conseguir mejoras en la cría de esta especie y en la producción de la industria cárnica y láctea.

Cuando se está en los albores de un descubrimiento científico que “tanto puede hacer por la humanidad”, nos solemos olvidar de lo problemática que resulta la idea de creer en una tecnología neutral. En el caso de los animales no humanos, dentro de una sociedad que los considera recursos, cualquier descubrimiento científico obtenido dentro de un esquema tecnológico tendiente a maximizar las ganancias al mínimo costo posible, significará un incremento en la automatización y en el control de la conversión de los animales no humanos en mercaderías.

Uno de los aspectos más despiadados de la esclavitud animal se focaliza en la separación de la hembra respecto de su propia descendencia o de partes de sus cuerpos, en pos del mejor aprovechamiento de todos. La industria láctea, que insemina artificialmente a las futuras madres, tuvo la posibilidad de utilizar un método de alta tecnología para clasificar el semen de los toros con el objetivo de conseguir crías que sean hembras en su mayoría. En California, el uso de este semen sexado hizo que alrededor de sólo el 10% de las crías resultaran de sexo masculino, reduciendo el porcentaje habitual de aproximadamente un 52 % de becerros. Como se sabe, la industria láctea vende a la industria cárnica a bajo precio esos terneros que no explota. Pero, como al parecer no había mercado para una industria con precios ya de por sí bajos, un grupo formó la Federación Nacional de Productores Lecheros con el objetivo de pagarles a los productores para que mandaran sus vacas a los mataderos. Los explotadores esperan que esto sea un mal momento “pasajero”, y siguen apostando al crecimiento del sector, entre otras maneras, por vía de la publicidad.

En Argentina, se acaba de premiar el trabajo de un grupo de investigadores de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Buenos Aires, quienes han desarrollado una nueva técnica para elegir el sexo de las crías a través de la clonación de espermatozoides. Se trata de la clonación y multiplicación de espermatozoides a partir de un espermatozoide, lo que permitiría modificar el genoma introduciendo genes en el animal. La alegría que los embarga proviene también de la posibilidad de producir animales transgénicos en forma masiva, para la producción de biofármacos. [1]

No necesitando productos animales de ningún tipo para sobrevivir, el premio no nos deparará ninguna ventaja evolutiva. Siendo tan perjudicial para la salud humana la dieta con productos animales, podríamos decir que el premio nos podría deparar algunas desventajas evolutivas. Estos “avances” no mejorarán en absoluto a la humanidad. Están hechos a la medida de la obtención de ganancias a partir de la devaluación total de los seres sintientes no humanos.

La configuración y mantenimiento de la ecología antropocéntrica que hoy apoyan la gran mayoría de los grupos ambientalistas, dejan intacto el modelo social especista que con esmero reivindica la aplicación, en el animal domesticado para servicio del humano, de todos los procesos tecnológicos que mejoren esa industria. Necesitamos entonces otro paradigma ético/ecológico/nutricional/científico, donde la faz de esa vida “salvaje” que se protege –hoy en nombre de la biodiversidad y otros argumentos egoístas–, se deshaga de este lado oscuro, indecible, que se ha convertido en una verdadera máquina de destrucción animal, y que depara un futuro siniestro también para la humanidad. En una industria que se implanta sobre estos y otros artefactos de manipulación de seres sintientes, los malos tratos, abusos y la violencia generalizada es moneda corriente. La manera de terminar con el sufrimiento y muerte sistemáticos de millones de animales no humanos es aceptar que no deberían ser traídos al mundo para uso humano en absoluto. No necesitamos consumir animales no humanos. No hay diferencia entre un producto y el cuerpo de un animal. Como no hay diferencia entre un tapado de visón y un abrigo  de pelo de conejo o un par de zapatos de cuero. La respuesta al problema es siempre la práctica y difusión del veganismo.

Notas

[1] “Una nueva revolución sexual”, Clarín, 22 de mayo de 2010.

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