Internacional: entrevista con la Dra. Ana María Aboglio desde la Argentina y su visión sobre los derechos de los animales.

JpegPor la abogada ecuatoriana Fabiola Checa-Ruata, quien entra en contacto así con el enfoque abolicionista de los derechos animales y con el veganismo. 21 de marzo del 2010.

Texto de la entrevista

1) ¿Cómo y desde cuándo te vinculaste al tema de los «derechos de los animales»?

Desde que, como estudiante avanzada de Derecho, me di cuenta de que el título no me serviría para defender los derechos de ninguno de ellos, pues no los tenían. Fue agobiante. Empecé a especializarme en Filosofía. Tenía también un par de años en Medicina, carrera que creí que proseguiría más adelante. Fue entonces cuando tomé contacto con el que fue luego mi profesor durante años, y encontré la respuesta. A partir de los trabajos del verdadero padre de los derechos animales, Gary Francione, tejí el andamiaje de mi postura, integrando la investigación que ya llevaba hecha y seguí haciendo en otras áreas, para un enfoque holístico de la cuestión animal. Acerqué las ideas del abolicionismo al mundo hispano casi al tiempo en que Francione cerraba las puertas de su Animal Rights Law Clinic en Rutgers, en el año 2000, harto de los grupos animalistas que habían dejado de ser representativos de los derechos animales, aunque usaban ese término.
2) ¿Cuál ha sido tu mayor inspiración para trabajar en este campo?

No sé cuál fue la mayor. Se conjugaron con mucha fuerza, por un lado, el fuerte rechazo que siento por la violencia y la convicción de que la opresión ejercida sobre los animales no humanos es un atroz modelo de injusticia implantado por el ser humano en el mundo; por el otro,  la admiración y respeto por la animalidad –incluso la nuestra– y por la vida en general junto a la intensa compasión que me caracteriza –entendida como participar de las pasiones de otros sin mediar el intelecto–.

3) ¿Cuál es tu visión del «derecho de los animales» en Argentina?

Cuando hablamos de derechos de los animales, la visión en Argentina no difiere mucho del resto del mundo. El animal se encuentra incluido en el régimen jurídico de las cosas y, por lo tanto, es objeto de propiedad pública y privada. El ordenamiento jurídico plasma la institucionalización del animal como recurso, la idea del animal como ser inferior del cual el humano se puede servir a voluntad. Por supuesto que fue con el desarrollo industrial y el advenimiento del capitalismo que la esclavitud animal se asentó y recrudeció, lógica consecuencia de la objetivación general que hace este régimen socio-económico de todo cuanto pueda convertirse en mercadería. Como ya escribí, hoy el especismo no solo es un prejuicio individual sino también un instrumento que sostienen con gusto quienes comercian animales, pero por las ganancias que les representa.

Si te referís a la evolución legal, la ley penal de protección al animal del año 1954 fue lo que quedó de un proyecto mucho más ambicioso. Incluso había otro proyecto que se dejó de lado y cuyo tratamiento legislativo hubiera aportado al debate algunas ideas más cercanas a la postura de los derechos. Pero hay problemas importantes para que funcione una ley de protección a determinados animales, cuando tantas leyes admiten la tortura y la muerte –acorde a una sociedad que recién hoy comienza a escuchar la voz de los otros animales como seres sintientes–, y cuando hay una  infra valorización del animal no humano, asociado a comida, vestimenta, entretenimiento, etc. Y también hay dificultades procesales para su aplicación. En estos últimos años surgieron muchas leyes tendientes a fomentar la producción masiva de animales para distintos usos. Si se han promulgado prohibiciones de circos con animales  –con fundamentos anti-crueldad y no de derechos–, han ido de la mano del incremento de otros espectáculos y de leyes provinciales que permiten las riñas de gallos, prohibidas por la ley penal. En cuanto a los pequeños logros que se habían conseguido en relación a los animales sin hogar, los intereses creados avanzaron lo suficiente como para volver a oponerse a implementar normas de control ético (sin asesinatos), en una sociedad que sostiene la demanda de cachorros que, además de ser objetos de explotación, son parte del problema de la falta de hogares para ubicar a los que no se venden.

Respecto a las leyes en general, te remitiría al capítulo tres de mi libro Veganismo, y a esta síntesis: El liberacionismo y la actual sociedad esclavista. Decir y hacer hoy para acortar el tiempo de la cosecha.

4) ¿Cuántos casos en el año se han presentado en tu país sobre abuso o maltrato a los animales?

Contados “casos”, no solo por la falta de cooperación del orden público para investigar las  denuncias recibidas, sino porque lo irrisorio de las penas –acorde por otro lado a la ínfima valoración social de la vida animal– convierte a la denuncia en una necesidad personal más que en una posibilidad de hacer justicia. Por otro lado, el hecho de que muchas veces, al tener que denunciar al dueño del animal se corre el riesgo de terminar perjudicando la situación del propio animal, y la dificultad para la obtención de las pruebas, hacen difícil que una persona se sienta motivada a tomarse un trabajo que ya imagina inútil de entrada.

Ahora, la pregunta te la contestaría de otra manera: casos de abuso y maltrato sufren los animales no humanos a diario en mi país y en todo el mundo. La violencia está institucionalizada y es sostenida desde TODAS las estructuras, no sólo las jurídicas sino también las educativas, científicas, sociales, económicas, etc. Los “casos” se dan por millones.

5) ¿Consideras que los gobernantes o entidades estatales del mundo le han otorgado importancia a la legislación sobre los  animales?

Por supuesto. Porque es la manera en que se logra el control de los seres a quienes se tiene que someter para poder convertirlos en objeto de consumo, cualquiera sea. En esta red se inserta la ética minimalista del bienestarismo legal.

6) ¿Consideras que el espectáculo público denominado «corrida de toros» o «fiesta taurina» es muy violento para ser presenciado por niños, niñas y adolescentes?

Como supongo que me lo preguntás porque ha tenido y tiene lugar la obtención de la prohibición de entrada a los menores en estos espectáculos, quisiera precisar algunos puntos a los efectos de que definamos estrategias y resultados como defensores de los animales no humanos.

En primer lugar, el espectáculo denominado “corridas de toros” o “fiesta taurina” es MUY violento, cualquiera sea quien lo presencie. Escribí hace unos años un texto describiéndolo, al que justamente titulé: Tauromaquia o del perfeccionamiento del sadismo. El sadismo significa algo más que violencia.

Sin duda, el cerebro de los niños “es una vela encendida en un lugar expuesto al viento: su luz vacila siempre.” Es cierto que tendrá una gran influencia el hecho de que presencien un espectáculo de tortura legalizado que suscribe y refuerza la idea de que el ser humano puede infligir sufrimiento y quitarle la vida a otro ser sin cuestionamientos éticos; en el caso, en nombre de una tradición desprovista de valores morales, tan trivial e innecesaria como la cultura de consumo de animales.

Pero nosotros rechazamos este espectáculo por razones éticas, y ésta es la razón por la que debemos condenarlo absolutamente, sean mayores o menores de edad los que lo presencien, se haga con más o menos dolor e incluso si no se mata al individuo. Si nuestra intención fuera preocuparnos por la moral de los menores, podríamos dedicarnos a conseguir que se prohíba su entrada. En tal caso deberíamos y podríamos, continuando esta estrategia de acción, conseguir leyes que prohíban la entrada de menores a las riñas de gallo, los circos, los mataderos, la farra-do-boi, las jineteadas y tantas otras actividades que dañan animales no humanos, sin mencionar la continua invasión de estos espectáculos vía televisión o internet, a la que acceden los niños a diario. Claro que vivimos en un mundo donde, por citar un ejemplo, hay 11.000 niños reclutados por grupos armados en Colombia, con 3000 niños asesinados en 5 años.

Yo entiendo que la idea es razonada en términos temporales: no logramos que se prohíban las corridas aún, por lo menos que no entren niños. El tema es si realmente conseguimos avanzar o vamos en pos de una limosna que no rasguña siquiera la continuación de las corridas, además de que el púbico en general se centrará en la idea de que el problema es que lo vean los niños.

Como recién dije, solo muy indirectamente esta medida podría tener cierta influencia para nuestros fines, acaso sea una pérdida de tiempo. Porque en definitiva, si los niños van es porque los padres los llevan o se lo permiten. Si se prohíbe la entrada, esos niños igualmente recibirán una educación despreciativa de la vida animal dado que sus padres los llevarían a verlas o les permitirían ir. Algo así como “tenés que esperar a que seas más grande”. Y acá aparece la segunda cuestión que quiero señalar.

Por encima de todo, los niños son recipiendarios de la cotidiana violencia –implantada sin violencia– que significa vivir en una sociedad repleta de cadáveres y productos obtenidos de animales usados para comida, vestimenta, experimentación, etc. Tal vez es difícil aún más para los niños que para los adultos la posibilidad de ver el sufrimiento y el horror tras el plato de comida, la ropa o el medicamento, pues el “referente ausente” del que nos habla Carol Adams  opera en toda su magnitud. Nuestros esfuerzos están dedicados principalmente a educar a los padres, para que vivan una vida de respeto por los animales sintientes comenzando por sacarlos de su plato, su baño y su ropero. Cuando los niños crecen en hogares así, tienen la oportunidad de acceder a otra forma de vida y a otra forma de humanidad.

7) ¿Consideras de importancia incluir el tema de los «derechos de los animales» como parte del pensum de estudio en escuelas, colegios y universidades?

Claro que sí. Pero, ¿cómo podría lograrse esto cuando las instituciones educativas están al servicio de la explotación animal? Si vamos a incluir la contradicción del “trato humanitario” o el oxímoron de la “muerte humanitaria”, o la idea de seguir usándolos “con respeto”, no es la propuesta de los derechos animales. Esto es lo que hay en escuelas, colegios y universidades. Por eso cuando he dado charlas en colegios, la palabra “vegetarianismo” – o “veganismo”–, es tabú. Y la excusa es muy inapropiada: “lo que comen es algo personal, no queremos que se quejen los padres”. Es gracioso, porque los mismos chicos te sacan el tema.

Los planes de estudio actuales receptan las ideas de la protección, el bienestar y la conservación de las especies; al hacerlo excluyen la visión de los derechos animales. Las uniones y asociaciones pro-carne o pro-mascota o pro-cualquier uso que sea, están muy activas con relación a los niños. Esto sucede hoy más aún que años atrás. Por eso elegí la educación por vía independiente, sin disminuir el caudal de conocimientos que puedo dar y aceptando las limitaciones que significa hacerlo desde ese lugar independiente. Las instituciones no pagan para que se las cuestione. Sirven para nuestros propósitos sólo en la medida en que ellas mismas son cuestionadoras del actual statu quo de los no humanos y lo manifiestan como base de todas sus actividades. Esta libertad de palabra tiene su precio. Yo estuve dispuesta a pagarlo. Fue una decisión acertada, teniendo en cuenta mi circunstancia de tiempo y lugar, y no me arrepiento.

Si cambiamos nosotros, las interacciones del contexto cultural y socio-económico forzosamente se van a modificar, y la educación reflejará las nuevas ideas. Necesitamos receptar una nueva ética pero también embarcarnos en una transformación mucho más amplia. La cuestión animal es un rizoma gigantesco. Junto al nuevo paradigma filosófico que significa liberar a los animales de nuestro dominio y opresión, necesitamos reformular la sociedad del Progreso que creía en el liberalismo como fuente de felicidad. No es solo que habría que enseñar que los animales no deberían ser criados y destruidos para convertirse en comida. Es que deberíamos dar cabida a un nuevo paradigma nutricional. No es solo que deberíamos dejar de usarlos en un laboratorio. Es que deberíamos dar cabida a un nuevo paradigma científico que, entre otras cosas, se libere de la idea del conocimiento como reflejo de un mundo externo. Aclaro que tomo aquí el término paradigma con el alcance global dado por el mismo Kuhn al conceptualizarlo como “matriz disciplinaria”, una de las dos acepciones con que limitó el alcance de su propio término.

8) Para concluir, me gustaría que nos envíes un mensaje a todos los lectores del blog.

Si no lo han hecho ya, transformen su relación con los demás no humanos dejando de participar en su explotación. Lo más inteligente es bajarse del pedestal antropocéntrico-especista. Nuestra propuesta es una propuesta de amor. No queremos más violencia que solo nos conduce al sufrimiento general, pues todo está relacionado y lo que les hacemos a los no humanos nos está destruyendo a nosotros, física y espiritualmente. Así que desde el corazón les pido que adopten una actitud ética que valore a los no humanos por sí mismos y descarte, por lógica consecuencia, el uso de animales bajo cualquier concepto. A esto lo llamamos veganismo. Entiendo que quienes tenemos un título de abogado/a queremos hacer valer las leyes que “los protegen”. Pero como defensores de los derechos animales –si es lo que somos–, necesitamos dar otros pasos para servir a esta causa en función del momento histórico y de las prioridades que reclama la actual situación de la esclavitud animal.

Lo más importante es que desarrollen en ustedes y enseñen a los que los rodean, la magnificencia de una vida compasiva hacia todos los seres sintientes para que puedan vivir en sus propios términos, libres de la opresión humana. Pero sepan que esto es solo el punto de partida. El veganismo como práctica individual, o su difusión apuntando únicamente al cambio individual, no basta. Debe ser concretado también en el ámbito socio-político a través del abolicionismo,  sin buscar la reforma bienestarista –que perpetúa la explotación ad infinitud pues mejora la eficiencia de la industria– y difundiendo el veganismo abolicionista como lo que es, una práctica de justicia e igualdad.

©2010 Ana María Aboglio.

 

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