Quién va a penalizar a Código Penal

A propósito de un modelo televisivo cuyo objetivo es subir el rating

31-7-05

La “maldita caja negra”, frase metafórica con que se rotula a la televisión, produce más que nunca hoy su generosa contribución a la desvalorización de la vida, actitud legalizada y admitida moralmente cuando de animales no humanos se trata. La T.V. argentina ensaya la venta de violencia legal e ilegal. Con la excusa del voyeur neutral, sostiene y refuerza el abuso y el asesinato de seres sintientes, inyectando esa violencia, magnificada, en la sociedad.

Suele creerse que una imagen vale más que mil palabras. De acuerdo, si de producir emociones se trata. Pero lo cierto es que una imagen puede, descontextualizada, ser fuente de engaños, manipulando y reduciendo la realidad. La crueldad, la violencia, la banalización del desprecio por los animales vende, despierta polémica, enoja la sensiblidad de quienes no están hechos a imagen y semejanza de los vendedores del kitsch postmoderno. Indignados y ofendidos pueden cambiar de canal, pero no ignorar el impacto que estos programas tienen en la sociedad de la que forman parte. Las telecomunicaciones nos contaminan. El corte del matarife arroja la sangre sobre la mesa del comedor.  ¿Y por casa cómo andamos?

Necesitamos la palabra o las mil palabras que despierten al homo videns y lo induzcan a pensar. Las palabras que le traduzcan el lenguaje de los que no tienen voz. Independientemente de quien sea la víctima, todo crimen convierte en victimario a su ejecutor, pues se necesita la egolatría de la visión antropocéntrica para minimizar la matanza de los que no son humanos. El terror corre, a veces revelado en su sadismo, otras disimulado, como cuando de perros y gatos se trata. Mientras se gastan millones de pesos para cuidar a las “mascotas”, pocos se hacen cargo de los millones de seres destruidos en los mercados de Corea y en los centros de exterminio argentinos y de tantas ciudades del mundo, también llamados centros de zoonosis.

Ladran, Sancho, pero ciertos comunicadores sociales no escuchan. El sensacionalismo de programas como Código Penal no cumple con el objetivo que se supone deberían tener las emisiones radiotelevisivas. La producción y los conductores aducen ajustarse a los hechos, como si no los eligieran ellos, o como si los mostraran sin su carga de subjetividad. Ya son varias las oportunidades en que han perturbado la estabilidad psíquica de los telespectadores, desde que reprodujeron en su absoluta crudeza riñas de gallos clandestinas ante la actitud complaciente del entrevistador-conductor del programa. Es cultural, dice Graña. Todo lo que hacemos es cultural, señor Graña. Incluso generar la existencia de un COMFER que tiene obligación legal de limpiar y protegernos de  esta contaminación.

En la emisión del martes 26 de julio de 2005 el programa Código Penal mostró a dos chiquitos que jugaban a ganarse la vida vendiendo gatos vivos a un barrigón que se sueña cavernícola y los degusta a la parrilla como parte de su dieta cadavérica, o los vende a buen precio, a pesar de haber confesado primeramente que sólo caza para comer. A los educadores nos corresponde enseñar a pensar más allá de la imagen que perpetúa la miserable condición humana, para abrir líneas de fuga que permitan ahondar y entender la mecánica de la violencia contra todos los seres sintientes. No habrá respeto ni derechos para los animales mientras se acepte que sus vidas solo tienen valor de uso. Escuchar y pensar cuesta mucho más que dejar envolverse por las imágenes que nos emocionan, pero ésa es la tarea a fomentar.

Asesinatos reales para testigos virtuales que asisten como espectadores de un espectáculo de ficción. Una realidad que se rehace porque los sentimientos también se aprenden. No es verdad que cada cual elige qué comer, nos lo enseñan. Caníbales quedan muy pocos, pero muchos son ya los que amplian su perspectiva hacia un Código Ético donde la vida se respeta aunque sea la de un ser sintiente de otra especie.

Publicado en el diario La Unión: http://www.launion.com.ar/250731/250731amb01.htm, el 31 de julio de 2005.

 

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