Día del Animal

Mientras algunas deudas ambientales se abisman en lo irreparable, se hace imposible calcular la deuda moral que todos y unos pocos hemos contraído con los animales. La destrucción institucionalizada a la que se los somete enarbola las mismas banderas de quienes atropellan bosques, desertifican la Tierra y adelgazan la capa de ozono.

Desde el altar televisivo el culto al consumo ofrece al animal en sacrificio a título de mercancía diversa. Como entretenimiento, como ropa, como mascota, como comida. Propone tu complicidad con la violencia recordándote permanentemente que son «sólo animales» para que en un paréntesis no se te ocurra sentir y compadecer, pensar y reflexionar que si vos gozás y sufrís es porque también sos un animal. Los conocedores de la fascinación que genera el animal salvaje te persuaden de lo feliz que viven convertidos en caricatura dentro del cautiverio de zoos y acuarios, al que se agrega el entrenamiento forzado bajo la carpa del circo. Más los experimentadores. Los taurinos. Los criadores. Los destructores. Los simplemente sádicos. Los explotadores. Los violentos.

Ay, animal, qué vamos a festejar en tu día. Prendamos una vela, hagamos un milenio de silencio, pongámonos en el lugar del torturado, del enjaulado, del que siente que van a quitarle la vida.

29 de abril, día del animal.

Si querés que algún día puedan festejarlo, empezá por tu cocina, tu baño y tu ropero.

Artículo publicado en el diario «La Unión», Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, el 27 de abril de 2001.
Reeditado el 29 de abril de 2001

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