De la ciencia médica y del arte de curar

Recientemente tuvo lugar en Facebook una serie de comentarios en relación a una publicación donde afirmé que “medicinas como la homeopatía obviamente van a ser denigradas mientras el modelo científico se sostenga en el dualismo mente/cuerpo, absolutamente alineado con el dualismo humano/animal. El llamado método científico, autoproclamado como única verdad, es su forma de establecer el único saber que será admitido.” La relación establecida está más explicada en el siguiente artículo: Derechos animales, ciencia y vivisección.

En esos comentarios se hizo remisión a sitios webs que colocan al remedio homeopático en la categoría de placebo. La primera respuesta –irónica pero contundente en cuanto a la refutación que supone–, es que entonces, el efecto que el remedio homeopático tiene en los animales no humanos debe producirse debido a que ellos y ellas no saben que es un placebo. La segunda respuesta, con igual tono, apunta a inferir buenas actuaciones por parte de los sujetos sanos  experimentadores de esos medicamentos, proceso denominado patogenesia.

En momentos en que lo que se discute es la exacta manera en que el remedio homeopático actúa a nivel molecular/energético y no ya su carácter de placebo –cuyo efecto también está comprobado incluyendo los cambios físicos que provoca–, siento la tentación de ampliar un poco el tema, expresando y asentando algunos conceptos que tienen que ver sobre todo con abrir las vías de conocimiento que ciertos intereses pretenden que ignoremos, por no estar avaladas por el método científico que se autoproclama como único productor de la Verdad.

Se suele llamar “alternativas” a las medicinas no ortodoxas. Algunas no tienen ninguna base cierta. Otras, como la homeopatía, la acupuntura o la osteopatía, se van alojando en la comunidad científica con creciente adhesión de las personas. Esta dupla medicina/ciencia es relativamente nueva en la historia de la humanidad. Podríamos decir que antes de la unión de la medicina con la ciencia, toda la medicina era “alternativa.”El Parlamento Europeo eligió denominarlas medicinas no convencionales a los efectos legislativos, lo cual es preferible a la denominación de “terapias” no convencionales, el término adoptado por la British Medical Association. La homeopatía es reconocida porque tiene una aproximación científica que comparte con la acupuntura, el ayurveda, la fitoterapia y otros sistemas –como también se los llama–propios de la cultura oriental. Así, por ejemplo en Alemania, los medicamentos homeopáticos y los antroposóficos figuran en la farmacopea nacional. Como el resto de los medicamentos, los homeopáticos son reembolsados por la sanidad nacional en casi todos los países de la U.E.

Se ha malinterpretado, según leo en los comentarios que mencioné, una cuestión relativa a la experimentación con animales, práctica que por supuesto rechazo por completo. En ningún caso dije que no se podían usar animales para experimentar remedios homeopáticos, sino que justamente quienes lo quieren hacer siguen enrolados en el paradigma de la medicina reduccionista cuyos problemas señalé. De igual modo, debería descartarse el modelo animal de experimentación y la obligación de probar las drogas farmacéuticas experimentando con animales. A lo que apunto es a que se constata: a) la mutua conveniencia del modelo animal con la ciencia médica actual por lazos provenientes de una determinada cosmovisión de la enfermedad; b) conveniencias atinentes a los circuitos legales y socioeconómicos que se complementan con el objetivo de generar altos ingresos a través del tratamiento de los síntomas, en una actuación sobre los cuerpos ya “atacados” por una enfermedad. La medicina convencional tiene un lugar de privilegio en el sistema de provisión estatal de salud. Y no va a dar cabida a un sistema de curación que ataca sus propias bases… y su bolsillo. La respuesta de la medicina convencional –nutrida de su propia cosmovisión–, tuvo siempre el tono apriorístico que exhiben hoy los comentaristas de Facebook. De asistir a la recuperación de un bebé con 41° de fiebre, paralizado por la inflamación de sus articulaciones y gritando por el sufrimiento que le produce un dolor incontrolable, asegurarán que fue el efecto del consuelo de su madre lo que produjo la curación o “alguna otra cosa.” Pero no es lo que dirían si el bebé hubiese salido del trance con drogas alopáticas, tan cuantificables. Lo que no significa que en ambos casos el cuidado de su madre no haya podido ser coadyuvante de su recuperación. Igualmente pensarían que los veterinarios que están tomando clases de homeopatía para tener una salida laboral en el campo de la producción orgánica, lo hacen porque calculan percibir honorarios por sugestionar a los objetos de explotación… o a sus dueños.

Muy resumidamente: el método clásico de la homeopatía es la experimentación de una sustancia dinamizada en personas sanas. De allí provienen los datos que servirán para tratar a la persona enferma. Su base es la doctrina de la similitud: lo semejante cura a lo semejante. Los avances actuales en el estudio de las sustancias a utilizar han llevado a sistematizaciones que han logrado agilizar y perfeccionar la elección del medicamento adecuado. La doctrina original de quien desarrolló la homeopatía, Samuel Hahnemann(1755-1843), ya prescribía principios fundamentales que luego fueron completados con la ley de Hering, impulsor de la escuela norteamericana del s. XIX, que establece que cuando la enfermedad se cronifica desde su forma aguda, los síntomas se trasladan desde la superficie a su interior, de la parte inferior a la superior y desde los órganos menos vitales a los más vitales. El remedio homeopático invierte el orden al reestablecer la salud. Los medicamentos homeopáticos pueden ser también usados de manera alopática en una práctica que va en contra de las bases mismas de la homeopatía llamada de tercer nivel. Sin embargo, esto tiene un uso cada vez más estudiado en el caso de epidemias o su prevención, como lo demuestra un estudio hecho a gran escala en Cuba para prevenir la leptospirosis, suministrando una dosis de remedio homeopático después del huracán, que redujo casi a cero la tasa de infección, con un coste que sólo supuso una pequeña fracción de lo que hubiera costado la vacuna. [1]

El basamento epistemológico del sistema médico imperante se apoya en la dicotomía mente-cuerpo. Rechaza que las enfermedades “serias” tengan un origen psíquico aunque acepte que un determinado estado psíquico pueda llevar a una forma de vida que conduzca a esa enfermedad seria. Para empeorar las cosas, se trabaja sobre la localización específica de determinadas funciones, como circunscriptas a un órgano específico: es el cerebro el que permite “sentir.” Se la ha llamado por eso una medicina “de partes.”

La ciencia médica homeopática reclama entonces a un médico que practique no solo la ciencia sino también al arte de curar, lo cual significa comprender al enfermo en la totalidad de su dolencia, para la adecuada elección del remedio. Según la homeopatía, la susceptibilidad es la enfermedad, y no un factor desencadenante más. Y esa susceptibilidad se expresa a través de determinadas síntomas físicos y siempre, siempre, de síntomas mentales que expresan la disritmia general. Mientras que el modelo alopático se dirige contra el accionar del cuerpo para agredir al “enemigo” externo, impulsando una gran cantidad de efectos secundarios, el modelo homeopático, en cambio, no interviene como elemento hostil; a la manera de una terapia psicoanalítica, reactiva los padecimientos sufridos por el paciente, sin anular los síntomas. Actualmente incluso ha surgido con éxito un nuevo enfoque para la toma de los casos, que no gira alrededor del análisis exhaustivo de los síntomas sino de una reclasificación de los remedios puesta al servicio de encontrar las experiencias más profundas del paciente.

Lo cierto es que la enfermedad es mucho más que una variable biológica. Y que asistimos a una invención de enfermedades que está al servicio de la medicalización del ser/estar del humano en el mundo. Un ser/estar que en es llevado a necesitar siempre un “tratamiento médico.” Pero los problemas que hoy tenemos y que nos enferman tienen también una faz “globalizada” que proviene en gran parte de la soberbia con que los animales humanos se han adueñado de los demás animales y de la Tierra para usarlos sin cuestionamientos. Diría que hay una iatrogenia generalizada proveniente de este uso, y que su radio de acción se dispersa más aún a través de las biopolíticas a las que tanto favorece el hecho de que la gente no se quiera curar sino que reclame “ser curada.” El “derecho a la salud” que las normas legales proclaman se convierte en la práctica en la producción de un humano “necesitado” de la intervención continua de una determinada tecnología y terapéutica médica que transita viciosamente en un medioambiente envenenado ecológica y éticamente.

Tal vez podamos apoyarnos más en los placebos para estar sanos. Placebo es el término que en la Edad Media se aplicaba a los lamentos que las plañideras profesionales emitían en los funerales. No es para menos: compartir el dolor oficia como consuelo.

Notas

[1] “Large-scale application of highly-diluted bacteria for Leptospirosis epidemic control”, Bracho, Gustavo y adl. Homeopathy. 2010 Jul; 99(3):156-66. doi: 10.1016/j.homp.2010.05.009. Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20674839

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