Las mil y una jaulas [VI]. De “cosa de nadie” a “cosa de alguien”

las-mil-y-una-jaulasEn Las mil y una noches, los cuentos se enmarcan unos dentro de otros, en una figura literaria que responde a la manera en que Scherezade los va contando a lo largo de las mil noches en que intenta salvar su vida, hasta conseguirlo. Hay mil y una jaulas, unas dentro de otras. No sólo confinan a los no humanos sino que aíslan mental y emocionalmente a la gente de la realidad de su esclavitud. Los defensores de los derechos animales necesitamos entenderlas y, por eso, me gustaría contar algunas historias.

 

Aquí está la primera historia: El zoológico y los conservacionistas. Aquí la segunda: El futuro está en los niños. Aquí la tercera: Las dos pantallas. Aquí la cuarta: Lo que les robamos a los elefantes. Aquí la quinta: Ficciones zoológicas maratónicas.

Ahora les dejo la sexta:

De “cosa de nadie” a “cosa de alguien”

Acaba de nacer un pudú en el bioparque Temaikén, provincia de Buenos Aires, y los medios difunden las buenas condiciones en que se encuentran madre e hijo. Es importante, dicen, porque no es un individuo cualquiera: pertenece a una especie vulnerable, que puede además ser útil en el estudio de la osteoporosis. [1] Sin embargo, madre e hijo sienten y viven independientemente de lo que le sucede a esa entelequia fruto de la clasificación que el humano hace según la carga genética. Los individuos silvestres, para la mirada humana actual, cuentan en la medida de la cantidad de individuos de la misma especie que los acompañan en este mundo.

Cuando un animal no humano está en su hogar, la ley establece que es “cosa de nadie”, por lo que puede ser cazado bajo determinadas reglas. Si es una especie autóctona que habita dentro de Parques, Reservas o Monumentos Naturales, pertenece a la Nación y debería estar protegida, lo cual puede que no ocurra cuando las políticas ambientales abren las puertas a la explotación y el turismo, como sucedió en muchos parques de Argentina. Hay otros varios casos: el animal no humano nunca es propiedad de sí mismo.

Una entidad jurídica que trabaja por la conservación ex situ es propietaria de individuos a los que puede rehabilitar, para introducirlo –donde la especie no es autóctona–, reintroducirlo –donde la especie era autóctona pero dejó de existir–, traslocarlo–llevarlo desde su hábitat a otro donde la especie también es autóctona–, o reconstituirlo –llevarlo al mismo lugar de origen donde todavía existe esa especie–. Los planes de cría en los zoos, por ejemplo, se manejan dentro de extensos programas de estudios para cada caso, y sus posibilidades de éxito dependen, entre otras razones, de los fondos con que cuenten para su sostenimiento.

Donde estas entidades en principio no tienen incidencia alguna es en las causas que llevan a los individuos a ser asesinados en sus hogares naturales: la apropiación mediante la caza y la destrucción de su hábitat, sea para obtener madera o pasturas que serán usadas por los que hiperproducimos y que también matamos.

Urge pensar los conflictos entre humanos y no humanos en medio de las cuestiones sociopolíticas locales que no son ajenas, por supuesto, a los proyectos generales que afectan los recursos naturales. Mientras que los animales no humanos sigan siendo considerados “recursos”, se dispondrá de ellos no solo a través de la destrucción y contaminación de los ecosistemas donde todos los animales vivimos. En definitiva, un claro ejemplo de que la destrucción masiva de no humanos colma una densa red de poder y dominio, solo a veces efectuada con crueldad.

Mientras tanto, a través de una ventana se escucha:

— ¿Tienen derechos los animales no humanos? —preguntó el profesor.
— Por supuesto —contestó el alumno. Y citó a su autor preferido.

Notas

[1] “Festejan el nacimiento de un pudú.” El diario de Misiones. Disponible en: http://www.primeraedicionweb.com.ar/nota/207176/festejan-el-nacimiento-de-un-pudu.html

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