Cargando la bolsa de las pesadillas

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Todos juntos, los lamentos, en silencio, se abarrotan, lanceados entre injurias, se arrinconan, confinados, atrapados en los gritos, de la desesperaci贸n.

Los silencios, de los muertos, lanzados al estruendo entre c谩nticos horrendos, desprovistos de cualquier momento de pensamiento, ordenados en la sintaxis, de la civilizaci贸n.

Apresados, condenados, multiplicados, sin causa sin raz贸n.

Remitidos a un martirio, lanzados al desvanecimiento, perseguidos en la agon铆a, entre las sombras de los monstruos de la raz贸n.

Gobernados, sentenciados, enterrados, los lamentos, yacen muertos y resucitados, por tu culpa, por tu grand铆sima culpa, se dirigen a un tribunal inexistente, en el presente, agrandados, multiplicados, destinados a no encontrar, ni justicia ni jueces ni juzgamiento, esperando evaporarse hacia el verde, transmutarse, los lamentos, en una forma invulnerable, impenetrable, sin corrupci贸n.

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